Con motivo de su primer largometraje, “Un otoño sin Berlín”, debut de entusiasmos juveniles y reflejos autobiográficos, concluía mi impresión sobre aquel filme especulando en positivo sobre las posibilidades de su autora, Lara Izagirre.

“Nomadland” contiene altas dosis de sustancia adictiva. Debido a ello serán muchas las personas que, tras interiorizar su relato, se convertirán en fervientes propagadores de sus excelencias. Este filme que se ha convertido en uno de los títulos del año -el año más triste de cuantos ha alumbrado el siglo XXI-, atrapa y envenena con su alta dosis de paradojas y contradicciones.