Con colores saturados y melodías de cuento, «La leyenda de Ochi» hace honor a su título. En algún modo, se podría afirmar que Isaiah Saxon se comporta como un Paul Urkijo Alijo californiano.
Arco de Ugo Bienvenu acaba de triunfar como mejor película de animación en la ceremonia de los premios del Cine Europeo. Ya había vencido en Annecy, el festival de referencia del cine de animación en Europa y probablemente será muy vista cuando las plataformas la sirvan en el menú de fondo de sus inagotadas y agotadoras programaciones.
Tal vez fuera en «Porco Rosso» donde Miyazaki mostró con más determinación su capacidad para asomarse al lado siniestro de la carcajada. Y sin duda fue en este filme de 1992 donde su ideología se mostró de manera más explícita al sintetizar su fábula cinematográfica en una frase: «prefiero ser un cerdo que un fascista».
Un rodaje accidentado afectado por los coletazos de la Covid-19, una segunda parte retrasada más de la cuenta, una sensación crepuscular de final de partida, un argumento con ecos provenientes de las siete entregas anteriores y un Tom Cruise eterno, decidido a seguir a toda costa, determinan lo que «Misión imposible: sentencia final» encierra en su interior.
Nick Hamm (Belfast, 1957) empezó a dirigir cine al final de los 80. En este tiempo ha realizado una quincena de largometrajes siempre discretos, siempre olvidables. Sus películas pertenecen a ese fondo de armario de los vídeo-clubs (cuando existían) donde permanecían intocables porque eran pasto de la indiferencia.






