La palabra testamento debe entenderse en la película de Mona Fastvold (Oslo, 1981) en un sentido bíblico. Es decir, este testamento de Ann Lee se reclama como depósito de la palabra iluminada. Nada que ver con disponer de los bienes materiales de este mundo.
Durante diferentes fases, de las casi dos horas que dura esta película, se cita a la «fiera».
Su director, Salvador Calvo, mezcla esa referencia con la imagen de las manos crispadas a modo de garras, de una bailaora de flamenco con la que el filme busca un contrapunto estético, una línea de fuga rítmica.
En un momento dado, hacia la mitad del filme y cuando ya vemos que el laberinto del infierno fundamentalista de los ayatolás ha desplegado su locura, tras ver una proyección torpemente censurada de «Sacrificio» de Andrei Tarkovski, la protagonista del filme, la alter ego de Azar Nafisi, verbaliza que (también) le gusta el cine de Tom Hanks.
Sin Barbie Ferreira ni John Leguizamo, probablemente «Un «like» de Bob Trevino» podría haberse perdido en las tardes lacrimógenas de tantos filmes de sobremesa dominical. Nos referimos a esos títulos olvidables y olvidados que abundan en historias levantadas para echar la siesta con la apacible sensación de que nada nos perderemos porque en realidad nada relatan que merezca la pena ser recordado.







