El «Buen valle», Vallbona, es un barrio periférico, un arrabal, una arcadia aislada y cercada por un canal acuífero, un entramado ferroviario que allí no tiene apeadero y una red de autopistas por la que circulan coches siempre acelerados, siempre con prisa.
Durante diferentes fases, de las casi dos horas que dura esta película, se cita a la «fiera».
Su director, Salvador Calvo, mezcla esa referencia con la imagen de las manos crispadas a modo de garras, de una bailaora de flamenco con la que el filme busca un contrapunto estético, una línea de fuga rítmica.
Cuando en el momento postrero el padre de Hamlet, protagonizado por el propio Shakespeare en la versión de Chloé Zhao, se interna en la oscuridad de la puerta de la muerte, se percibe que, detrás de ese velo negro, vigila Steven Spielberg, productor junto a Sam Mendes de esta película nacida para que el Oscar ampare su camino.
Munir, el protagonista de «Yunan», es un escritor libanés refugiado en Alemania. Vive el exilio desde una amargura cercana a la depresión. Habla con pena infinita con su hermana, quien permanece en su país de origen al lado de la madre de ambos, y se enfrenta a la desconexión de su madre cuya cognición se está desmoronando.
Arco de Ugo Bienvenu acaba de triunfar como mejor película de animación en la ceremonia de los premios del Cine Europeo. Ya había vencido en Annecy, el festival de referencia del cine de animación en Europa y probablemente será muy vista cuando las plataformas la sirvan en el menú de fondo de sus inagotadas y agotadoras programaciones.






