En Roma no se apreciaba mucho a Odiseo, al que allí llamaban Ulises. La etimología de su nombre ya nos señala alguna pista: «el que provoca odio». Por otra parte, la lectura detenida de sus peripecias determina un mal diagnóstico.
Como tantas veces acontece en un relato cinematográfico, en el propio filme se nos recuerda que la historia está basada en hechos que han sucedido. Se trata de un aviso ambiguo que nunca se acaba de entender por qué se hace ni qué grado de fidelidad sostendrá con respecto a su supuesto vínculo con lo real.
Con alrededor de medio millón de habitantes en 2026, Omaha, la ciudad más próspera de Nebraska, la que a mediados del siglo XVIII era apodada la «Puerta del Oeste» porque por allí cruzaban todos los desesperados que creyeron en el sueño de la prosperidad, da título a un filme humilde, independiente y generoso de apenas 80 minutos.
Dentro de dos años se cumplirá el 90 aniversario de la realización de «Robín de los bosques» (The Adventures of Robin Hood) (1938) de Michael Curtiz. Ha pasado casi un siglo y las numerosas versiones que el cine ha dado del célebre rebelde que se alzó arco en ristre contra la tiranía de Juan sin Tierra, un usurpador déspota y miserable, hermano del Rey Ricardo Corazón de León, no han sabido ni podido acallar la jovial insolencia del personaje encarnado por Errol Flynn.







