Con ritmo febril, al estilo de esas películas que se saben únicas, redondas, sólidas y, por lo tanto, inatacables, «Bad Apples» de Jonatan Etzler zarandea al público con una montaña emocional de giros imprevisibles, de sabores agridulces, de conclusiones paradójica que transmiten el conflicto.
Cinco años antes de rodar este «Forastera», su autora, Lucía Aleñar Iglesias (Madrid, 1993) ya había dado forma a la misma cuestión del duelo, a la idea de cómo una ausencia crea presencia, en un cortometraje homónimo del que parte su primer largo acogido entre algodones en festivales como Toronto y la Seminci de Valladolid.
En tiempos donde algunos se cuestionan la identidad de cinematografías territoriales, la contemplación de «El ladrón de perros» proclama que hay cuestiones altamente resbaladizas. Vinko Tomicic, director chileno formado en Argentina, ha escrito y dirigido un filme coproducido por varios países latinoamericanos, por Francia y por Italia.
La «heterosis» es el McGuffin -o sea, el pretexto- que sostiene el argumento de «Jim Queen». La heterosis, se nos dice, es un virus de origen desconocido que afecta al colectivo homosexual. Sus efectos inmediatos aparecen cuando los infectados comienzan a perder sus señas de identidad físicas y psicológicas.
Parafraseando al Víctor Jara que cantaba aquello de «La vida es eterna en cinco minutos», este filme de Paolo Virzì podría haberse titulado «La muerte es eterna en cinco segundos». Esos cinco segundos adquieren y desvelan, en la recta final del filme, la clave de todo su sentido. Sentido trágico, doloroso y comprometido.
Le faltan unas semanas para cumplir 89 años, pero su cine, esas películas que año a año con regularidad relojera ha ido construyendo, no lo aparentan. Autor de piezas que siguen fascinando a jóvenes espectadores y a cinéfilos veteranos como «Los duelistas», «Alien: el octavo pasajero», «Blade Runner», «Thelma y Louise», «Gladiator», «El reino de los cielos» y «El último duelo», entre casi 30 largometrajes, nadie diría que Scott está a un paso de convertirse en nonagenario.
Como la novela de Travis Braun de la que se alimenta, el argumento de «Una noche al año» se disfraza de política-ficción. Su contenido, su única idea, trepa sobre una loca hipótesis que nos recuerda hasta dónde podría llegar un gobierno ultraconservador, pseudodemocrático y amoral como el que Trump representa frente a una ciudadanía obediente y apática.
Escrita a diez manos, o sea con la participación de sus cuatro protagonistas junto al director, su guion ya denota y delata la naturaleza con la que ha nacido esta curiosa comedia neorromántica que tiene en la cantante Charli XCX su principal reclamo de salida. «Erupcja», palabra polaca que significa «erupción», dura poco más de una hora, brevedad agradable en tiempo de películas siempre alargadas, siempre excesivas.
Al menos tres películas recientes resuenan en «El ser querido», la obra con la que el equipo Sorogoyen-Peña pretende independizarse de la acción para bucear en la emoción. Se trata(ba) de decir adiós al «thriller» para dar buenos días al melodrama pero ¿es posible escapar de los instintos propios? «El ser querido» responde, sobre todo, a esta cuestión.


