Desierto particular-imagen

La magnética autenticidad, aparentemente desprovista de oficio, que Pedro Fasanaro aplica en el dibujo de su personaje en “Desierto particular”, atraviesa a la película de Aly Muritiba con la eléctrica sensación de lo cierto. No era fácil. En “Todo sobre mi madre” por ejemplo, Pedro Almodóvar tejía una fascinante red de atracción en torno al personaje “del padre” de Esteban, el joven adolescente al que Eloy Azorín daba vida durante el primer acto de la que sigue siendo uno de los mejores filmes del director manchego.

Rodado en Taiwan, producido bajo bandera austriaca y apoyado por inversiones francesas y belgas, “Moneyboys” significa el debut en la realización de C.B. Yi; un director de origen chino cuyo aspecto podría confundirse con cualquiera de los jóvenes actores de su película.

La biografía de Terence Davies aparece escrita sobre renglones (re)torcidos. Su vida ha ido avanzando sobre las oxidadas vías de un ferrocarril que parecía estar destinado a quedar varado en una estación sin pueblo. Ya había cumplido los 25 años cuando el joven Davies se ahogaba en la oscura y estrecha jaula de un discreto contable de segunda condenado a pudrirse en una oficina de transportes de su Liverpool natal.

Escrita y dirigida por Leonie Krippendorff, todo en “El despertar de Nora”, así se ha titulado entre nosotros lo que en su idioma original, alemán, era “Kokon”, o sea “capullo”, apunta a ese día de la transformación, el verano de todos los veranos, aquel en el que el cuerpo de una niña deja de serlo para dar paso a su adolescencia.

La Covid 19 ha retrasado mucho el estreno de este filme que participó en la sección oficial a concurso del SSIFF de 2020. Es decir “Supernova” ha pasado más de un año esperando poder llegar a nuestras carteleras. Y eso, pese a que lo tenía razonablemente fácil.

Nada que ver con el filme del mismo título protagonizado por Miou-Miou e Isabelle Huppert, “Entre nosotras” pronto se descubre que es mucho más que lo que aparenta ser. Ciertamente su contexto argumental gira en torno a un amor de madurez, una relación tardía de dos vecinas que se enfrentan al último tercio de su viaje vital dispuestas a no perder ese último tren.

En el verano del 85, François Ozon esperaba impaciente -la adolescencia consiste en no tener paciencia-, que llegara el 15 de noviembre para cumplir 18 años. O sea, este verano recreado fílmicamente, que da título a su último filme, sabe bastante del propio Ozon y probablemente ha sido levantado con briznas emocionales conservadas en su memoria.

La acción acontece en Georgia, el país de las cinco cruces; una antigua república soviética con su cabeza puesta en las montañas del Cáucaso y con los pies en el Mar Negro. Un lugar singular entre Asia y Europa. Su bella capital, Tiflis, hecha de calles adoquinadas y monasterios austeros, vivió hace 17 años la llamada “revolución de las flores”.