Todas las dudas y desconciertos que zarandean la visión de La misteriosa mirada del flamenco se vuelven recuerdos hondos y sensaciones agridulces cuando la película se rememora. Esa capacidad que posee esta obra de empapar los recuerdos, más allá de la estridencia inicial de su primera visión, la aleja de un nombre de referencia que se ha utilizado para ubicar a Diego Céspedes: Pedro Almodóvar.
Como acontece con tantos biopics dedicados a personas nacidas en el último siglo y medio; es decir, de las que existen filmaciones de ellas, Mario Martone no se resiste a la tentación de incluir, en el tiempo de los créditos, un inserto real de la mujer que durante casi dos horas ha sido ficcionada.
En ese instante crucial del parpadeo por el que cobra vida la magia que el cine a veces alcanza, Llúcia García, la neófita actriz que en «Romería» interpreta dos personajes y dos tiempos; el «sfumato» de una Carla Simón adolescente y los vestigios idealizados de su madre biológica, mira frontalmente al espectador.








