Los lazos sanguíneos que unen a Jaafar Jackson con Michael Jackson son tan singulares como lo fue la familia del autor de «Bad», donde la figura paterna asume el rostro de un ogro maltratador. La madre de Jaafar, la colombiana Alejandra Martínez, tras tener relación con Randy Jackson y alumbrar dos hijos con él, se casó con su cuñado, Jermaine Jackson; de esa relación nació Jaafar, quien cuando había cumplido trece años, vio morir a su tío Michael.
El título original de la película de Gus Van Sant hace referencia al rudimentario pero eficaz artilugio hecho de alambre y crueldad por el que un rehén anclado a una escopeta sabe que cualquier movimiento brusco acabará con su vida. Su relato es más una reconstrucción que un ensayo sobre el desesperado caso de Tony Kiritsis.
En esencia, de lo que va «¡La novia!», de lo que se ocupa Maggie Gyllenhaal, directora y guionista de esta película, es de la resurrección de los insurrectos. Si se prefiere, cabría afirmar que el núcleo ardiente de «¡La novia!» muestra lo que se merece mostrar en tiempo de víctimas; busca encender, en la hora de la pesadilla, la llama(da) de los rebeldes con causa.
La presencia de Eva Victor es el alfa y el omega de «Sorry Baby». Ella ha escrito, ha dirigido y ha protagonizado este relato inequívocamente contemporáneo que se nutre con heridas ajenas proyectadas hacia su sanación en un alegato sobre la condición de la mujer de hoy en los EE.UU. Nada nuevo ni nada excepcional.







