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En apenas unas horas, una familia ucraniana que disfruta de sus vacaciones en un hotel de Tenerife ve transformada su condición. Ayer eran viajeros ociosos en busca de descanso frente a la vida cotidiana; hoy se han convertido en refugiados sin deseo ni vocación que deben debatir cómo y por qué regresan a ese Kiev donde la guerra les aguarda.

Como estilemas arrancados de su propia autobiografía, Lin Jianjie inserta en su primer largometraje, «Breve historia de una familia», imágenes disruptivas. Estos huéspedes inesperados, planos de forma circular como si fueran instantáneas robadas a un microscopio, nos recuerdan una frase que acompaña la presentación biográfica de este inquietante, gélido e impecable cineasta.