En «Estupor y temblores», título arrancado de una antigua expresión que hacía referencia a cómo los súbditos japoneses debían comportarse ante la presencia del emperador, Amélie Nothomb aplicaba humor y no ocultaba su perplejidad ante su experiencia personal en Japón.
Durante diferentes fases, de las casi dos horas que dura esta película, se cita a la «fiera».
Su director, Salvador Calvo, mezcla esa referencia con la imagen de las manos crispadas a modo de garras, de una bailaora de flamenco con la que el filme busca un contrapunto estético, una línea de fuga rítmica.









