Christopher Stuckmann (Boston, 1988), filmó sus dos primeros largometrajes al comienzo del segundo milenio: «Phenomenon Field» (2003) y «The Woods» (2004). Eran dos experimentos «amateur» de un adolescente que proyectaba tanto entusiasmo como un sorprendente desparpajo.
La gran mayoría conserva indeleble el recuerdo de Sally Hawkins en su frágil pero decidida heroína de «La forma del agua» (2017) de Guillermo del Toro. Tal vez, los gemelos Philippou, ex-youtubers australianos bregados en el sobresalto y el desasosiego, tuvieron presente esa vulnerabilidad para reforzar el extrañamiento que provoca el personaje que interpreta en «Devuélvemela».
Cuando en 1979 Werner Herzog rescató y reinterpretó el «Nosferatu» de Murnau, aquel gesto se sabía cuestión política. El director que cuando hace ficción, documenta el sufrimiento y cuando se dice documentalista, convoca los sueños, despertó a Nosferatu para recuperar la propia historia de Alemania, para devolverla al lugar de lo que había existido.
«No hables con extraños» se puede definir como un modelo, como un mal viaje y como un thriller perturbador y molesto. Es modelo de imitación, un fiel exponente de ese vampirismo hollywoodense que, agotado de repetirse, no duda en comprar de cualquier parte del mundo lo que olfatean como carne de éxito.







