EL PADRE

Título Original: THE FATHER Dirección: Florian Zeller Guión: Florian Zeller y Christopher Hampton a partir de la obra de Zeller Intérpretes: Anthony Hopkins, Olivia Colman, Imogen Poots, Rufus Sewell y Olivia Williams País:  Gran Bretaña. 2020 Duración:  97 minutos

Al otro lado

Antes de adaptarse a la pantalla, o sea antes de ser cine, “El padre” nació en 2012 como obra teatral escrita por el novelista, dramaturgo y ahora director de cine, el francés Florian Zeller. Estrenada en teatros de medio mundo y adaptada a innumerables lenguas, -en España  José Carlos Plaza la dirigió con Héctor Alterio en el papel principal-, ese que aquí sublima Anthony Hopkins; el resultado siempre fue el mismo. Su farsa trágica, así la describió su creador, conmueve y rompe al público. Ese mismo público que, en San Sebastián, la escogió como la mejor película del SSIFF. El mismo que, en la salas de cine, cuando las luces acompañan a los títulos de crédito, tras la última y acongojante secuencia, hacen perceptibles sus lágrimas, el (escalo)frío y los ojos humedecidos. La causa de esa reacción de estremecimiento se debe a dos cuestiones. La primera sin duda emana de la calidad del texto. Un texto que lleva cientos de representaciones y que para el cine contó con el (re)toque de un Christopher Hampton, cuya experiencia y talento le han dado el último impulso. Con él, “El padre” llegará, está llegando muy lejos.
Cuando Florian Zeller escribió el libreto, apenas había superado los 30 años, una edad bastante alejada del drama del Alzheimer y de los devoradores efectos que origina sobre sus víctimas. 
Cuando Hampton entró a adaptar el texto teatral para traspasarlo al cine, el británico autor, entre otros guiones, de “Las amistades peligrosas” de Stephen Frears y de “Expiación” de Joe Wright, había superado los 70 años. Es decir, como el Haneke de “Amor”, desconsoladora aunque piadosa inmersión en el tiempo de la senectud y la demencia, Hampton, sí ha tenido tiempo de saber muy bien qué ocurre cuando llega el ocaso de la lucidez mental.
Lo que hace singular a “El padre” con respecto a otras películas que han abordado la misma problemática reside en su punto de vista. Lo que le es presentado al espectador en “El padre” no arranca de la mirada comprensiva de quien observa cómo, día a día, semana a semana, se disuelve en la nada el sistema cognitivo y la memoria de un ser querido. En su lugar, Zeller entreabre una aterradora grieta por la que se cuela, como un cuchillo, la confusión y el atolondramiento de las víctimas de la demencia. Vemos lo que el padre ve, nos ofuscamos en su desorientación, nos ahoga(re)mos en su delirio. 
Articulado en un proceso de saltos temporales, de elipsis sin cohesión, de percepciones donde la verdad y el espejismo se funden para confundirnos, la desazón del guión se crece en la sensibilidad del público quien, en su inmensa mayoría, a estas alturas sabe muy bien qué ocurre con las hijas e hijos de ese agobio senil. En ese padre, al que Hopkins le regala media docena de rostros diferentes, Zeller retrata a miles de padres (y madres); es un padre primigenio.
La segunda y concluyente cuestión de su incontestable éxito y de su contundente efecto, reside precisamente en su reparto; en el vaciamiento interior que Hopkins y Colman al frente de un limitado pero rotundo equipo, realizan. Es más, probablemente el handicap que puede presentar el filme reside en la sobrada seguridad con la que Hopkins vampiriza a su personaje.
Todo en “El padre” ha sido tan apreciado, tan refinado, tan aquilatado… que no hay lugar para la duda. Su adecuación abruma tanto como abruma el talento de Hopkins sabedor de que ese texto, en su voz y en su rostro, alcanzará la excelencia. Una exquisita perfección para un tema aterrador. Un telón de fondo al que está abocada la sociedad del bienestar, la que ha logrado longevidades jamás soñadas -por cierto ahora amenazadas por la Covid, otra de sus horrorosas consecuencias- y que aquí sacude y agita a toda persona que se acerca a este filme sabiéndose interpelada por una puñalada que no por anunciada y prevista resultará eludible.

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