El «Buen valle», Vallbona, es un barrio periférico, un arrabal, una arcadia aislada y cercada por un canal acuífero, un entramado ferroviario que allí no tiene apeadero y una red de autopistas por la que circulan coches siempre acelerados, siempre con prisa.
De duración corta, apenas 90 minutos, esta historia se percibe larga, muy larga. Provoca ansiedad, agota, estresa, derrenga. Ver y oír a Souleymane a lo largo de 48 horas, las que preceden a su cita para que sea admitida su petición de exilio en París, deja muy claro el vía crucis que sufren los que llegan a nuestra Europa sin papeles, sin trabajo, sin… nada.
Cuando Coppola realizó «La ley de la calle» (1983) tras los destellos luminosos de «El
Padrino I y II» y «Apocalypse Now», el director norteamericano se asfixiaba en su
tiempo de naufragio. Su «Corazonada» se había estrellado y su experimento con
Wenders, «Hammett», habia acabado en medio de un estrépito de desavenencias y
desacuerdos.








