MI GRAN NOCHE

A los pies de Raphael

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Título Original: MI GRAN NOCHE  Dirección: Álex de la Iglesia Guión: Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia Intérpretes: Raphael, Mario Casas, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Santiago Segura, Carlos Areces, Jaime Ordóñez y Terele Pávez  País: España. 2015 Duración:  93 minutos ESTRENO: Octubre  2015

El propietario de la noche a la que se refiere el último delirio de Álex de la Iglesia se llama Raphael. En la película le llaman Alphonso pero nadie duda de que la intención de Álex de la Iglesia es (con)fundir al personaje de su cinta con el mito del tardofranquismo. ¡Ay pobrete, qué mala es la nostalgia!. Probablemente ya estaba en Balada triste de trompeta, en aquel ensayo sobre el comportamiento de la españolidad.
Si en aquella ocasión, De la Iglesia filmó algunas de sus mejores secuencias al servicio de un relato ambicioso, solemne y trágico al estilo del Goya más sombrío, aquí la clave es el humor, la astracanada. Como ya he señalado en otras ocasiones, si medimos a este filme con algunos de los que en los últimos tiempos han realizado gentes como Lakuesta, Bajo Ulloa o Segura, Mi gran noche sale a hombros y grita algo que desde Acción mutante era obvio: Álex de la Iglesia como director de secuencias y, sobre todo, como descubridor de ideas argumentales, es pata negra. Tiene chispa, tiene olfato, sabe mirar y ve las grandes cuestiones allí donde la mayoría no ve apenas nada.
Bien equilibrado por su guionista habitual, Guerricaechevarría, de la Iglesia cae víctima del mismo proceso que, en un registro totalmente diferente, vivía el director coreano de I Saw the Devil. De la Iglesia como Kim Jee-woon, parece querer combatir al fuego con el fuego. En el caso del coreano, su denuncia de la violencia sádica del cine de psicópatas, le llevaba a él, como a su protagonista, a recrearse en y con lo que denunciaba. Aquí, en Mi gran noche, la pretendida caricatura, el exorcismo contra la mugre de confetti y cotillón de tanta nochebuena y nochevieja de TVE y uvas desde la Puerta del Sol, acaba siendo eso: de caspa y casta.
O sea, una colección de coreografías y cánticos en donde reina una figura desde hace casi medio siglo: Raphael. Cierto que desde una sensibilidad abierta al kitsch y al freakismo, se adivina en Raphael una peculiaridad singular, una inquietante ambigüedad calculada. Tan cierto como que el nudo de Franco ¿sigue sin desatar? ¡Escándalo!

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