El contexto histórico en el que Irati Gorostidi Agirretxe ubica estos días del pasado en el que crece «Aro berria», hoy se perciben como un tiempo oscuro de óxido y barro. Gorostidi arranca su recuperación del álbum familiar en 1978, el año en el que se suspendieron los sanfermines.
En el Jaén profundo, el de los aceituneros altivos que cantó Miguel Hernández, se encuentra el alfa y el omega de este relato de Belén Funes, su segundo largometraje acunado tras el impacto de «La hija del ladrón» (2019). Como Anabel, la protagonista interpretada por Elvira Lara, Belén Funes lleva sangre andaluza en las venas, aunque su vida y su formación como realizadora se gestó en Barcelona.
Desde que el cine rompió la cuarta pared y, en especial, a partir de la nouvelle vague, o sea cuando los fantasmas del nazismo y el horror de las bombas atómicas sobre Nagasaki e Hiroshima, pusieron de relieve la necesidad de confiar en lo joven porque lo viejo mata(ba), el cine no ha parado de relatar historias de adolescentes a la deriva.








