LÍO EN BROADWAY

La madre de las comedias

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Título Original: SHE´S FUNNY THAT WAY Dirección:  Peter Bogdanovich Guión: Peter Bogdanovich, Louise Stratten  Intérpretes: Owen Wilson, Imogen Poots, Jennifer Aniston, Will Forte, Cybill Shepherd, Rhys Ifans Nacionalidad: EE.UU.  2014  Duración: 93 minutos  ESTRENO: Julio  2015

Una frase tomada de un viejo filme del incontestable Lubitsch y la súbita aparición postrera de un Tarantino que ya no cumplirá los cincuenta años, establecen los límites referenciales en los que se mueve este Peter Bogdanovich considerado un maestro en los años 70 y hoy, desconocido para la inmensa mayoría del público que llena las salas de estreno en busca de superhéroes.
Dicho de otro modo, Lio en Broadway hace gala de un saber enciclopédico y de un estar conciliador. Desea obtener la piedra filosofal de la comedia, algo así como la suma cuántica de cuantos intentos ha habido en el cine para desnudar y retratar la eterna lucha de sexos. ¿Lo logra? Evidentemente no. Y poco importa que Wes Anderson, el más (a)preciado cineasta del humor absurdo, el coreógrafo del nuevo cine, sea el productor. Al serlo, Anderson señala a Bogdanovich como un maestro (olvidado). Y al aceptar el reto, el viejo Peter, (ayer cumplió 76 años), echa mano a su profunda cinefilia. Si le debemos obras irreemplazables como La última película (1971); ¿Qué me pasa, doctor?, (1972) y Luna de papel, (1973), también le adeudamos su capacidad para divulgar la obra de otros cineastas. Sin Peter Bogdanovich sabríamos algo menos de John Ford, de Fritz Lang y de Orson Welles.
El caso es que, aquí, en este lío en el que ahora se ha metido, con un reparto heterogéneo de humores y estilos (nada hay en común entre Owen Wilson y Jennifer Aniston), Bogdanovich, apoyado por Anderson, construye un filme inarmónico y extraño.
Lío en Broadway parece el monstruo de Frankenstein de la comedia americana. Tras las puertas no hallaremos el toque de Lubitsch sino el exabrupto del nonsense de la nueva comedia estadounidense. Sin embargo, desarmonías y crujidos no ahogan la capacidad de un Peter Bogdanovich que hace del cine una cuestión de goce y supervivencia. Así que este filme agujerado que habla de un director redentor de prostitutas, enamoradizo y sentimental, parece un febril acto de fe en Truffaut y en su inextinguible deseo de ser amante del amor.

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