ESCOBAR: PARAÍSO PERDIDO

La sobrina del narco iluminado
foto-escobarTítulo Original: Escobar: Paradise Lost Dirección y guión: Andrea Di Stefano Intérpretes:  Josh Hutcherson, Benicio Del Toro, Brady Corbet, Claudia Traisac, Carlos Bardem, Ana Girardot , Laura Londoño Nacionalidad: Francia, España, Bélgica, Canadá  2014 Duración: 120 minutos ESTRENO: noviembre 2014
En Escobar: Paraíso perdido la figura del famoso narcotraficante se acomete a tiro de mortero. Es decir, el filme no mira frontalmente al delincuente colombiano. En todo caso sus disparos para fijar su posición se realizan desde un punto ciego, el que facilita la relación de su sobrina con un surfista canadiense que llega a las playas colombianas para bailar sobre las olas, pero termina arrastrándose en el fango del crimen organizado.
No era un mal planteamiento narrativo. Situar a Escobar, interpretado por Benicio del Toro, el mismo que encarnó al Che, en un preeminente segundo plano, permitía forjar su escultura a golpe de revelación desde la mirada de un testigo ajeno. Ese testigo de cargo asume un rol identificatorio. Culpable por omisión, héroe por necesidad y víctima por ofuscación, es el extranjero inocente que penetra en el ojo de un huracán ante el que se sabe ajeno.
La intención por la que Andrea Di Stefano lo convoca en esta crónica, impone su obviedad. El personaje interpretado por un blando Josh Hutcherson debe hacer que el público se identifique con él y su historia de amor para marcar el contrapunto al relato de sangre, poder y muerte que representa Escobar y sus sicarios.
Demasiado encadenado a la sombra del visionario de la coca, el acercamiento de Andrea Di Stefano no pasa del esbozo de una esforzada ilustración convencional en torno a un visionario criminal cuyo interés resulta discutible, yermo. El Escobar de este “paraíso perdido”, muy lejos de la densidad del retrato generacional que Assayas hizo de otro sujeto fronterizo entre el horror y la leyenda, Carlos, resulta plano. En su ayuda viene el resto del reparto que, por comparación, elevan la interpretación de un Benicio del Toro que no encuentra resquicios para construir un personaje con interés. De manera que es desinterés todo lo que emana de este filme rutinario. Poco aporta, nada descubre. Solo una esforzada caricatura de un mentecato asesino iluminado por la coca, la Iglesia y el dinero.

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