HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE



Título Original: TILL DEATH Dirección: S.K. Dale Guion: Jason Carvey Intérpretes: Megan Fox, Lili Rich, Callan Mulvey, Eoin Macken, Jack Roth y Aml Ameen y País: EE.UU. 2021  Duración: 88 minutos
 

Encadenados

Ubicada en el intersticio que forman los argumentos de “Solo en casa” y “La habitación del pánico”, “Hasta que la muerte nos separe” se comporta como un artefacto ingenioso de más cartón que piedra, para rendir culto a su máxima protagonista: Megan Fox. Los admiradores de la princesa de Cosmopolitan,  GQ, ELLE y Harper’s Bazaar entre otras, tienen en el filme de S. K. Dale un auténtico festín puesto que ella -solo ella- sostiene un filme al que algún publicista sobreexcitado ha osado comparar con el cine de Hitchcock.
Ciertamente el guión de Jason Carvey obedece, como algunas de las producciones del autor de “Psicosis”, a esos mecanismos de relojería manierista nacidos en torno a un poderoso pretexto de guión. El guión desafía al verosímil y la sucesión de acontecimientos insiste en la fórmula circense del “más difícil todavía”.
Tras un preámbulo para ganar tiempo y presentar  a un personaje secundario, el resto del metraje de un filme de metraje ajustado -no da para más su guión-, transcurre en un único escenario: una casa totalmente aislada en medio de un paisaje helado. Un refugio que sirvió para albergar una luna de miel y que ahora podría convertirse en una trampa letal.
Dale pretende convertir a la protagonista de “Transformers” en una especie de Bruce Willis de “La jungla de cristal”. Si en la primera película de la serie, la vulnerabilidad de unos pies descalzos en un suelo de cristales rotos realzaba el extremo peligro de la situación, en “Hasta que la muerte nos separe”, son los pies desnudos de Megan Fox sometidos a correr por un lago helado, esposada a un destino y encadenada a una maldición, la imagen del peligro y la amenaza.
Con una fisicidad evidente, con Megan Fox paseando por un camino de sangre y hielo como si se pasease por una pasarela de alta costura, la actriz impone su presencia. Como es de esas personas a las que les cae en la cabeza una bayeta de un balcón y parece que llevan un tocado de lujo en el día grande de las carreras de Ascot, por más sinsabores que sufre, cuantas más penalidades le acontecen, más atractiva resulta. Y ahí empieza y termina esta historia que se sabe puro pretexto al servicio de la belleza innegable de Megan.

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