La destreza y el oficio de Doug Liman son indiscutibles. Su trayectoria lo demuestra, y este Barry Seal nos da la evidencia de que pertenece a la categoría de esos fabuladores de azúcar y ruido capaces de hacer espectáculo de feria incluso con el tráfico de seres humanos.
Sofia Coppola introduce “La seducción” -sobre la que para el público más iniciado gravita el recuerdo de la que cuarenta y seis años antes hizo Don Siegel con Clint Eastwood-, con un movimiento vertical. La cámara apunta hacia las copas altas de unos árboles de querencia gótica. Y en ellas hay algo solemne, catedralicio.
único capaz de sostener la mirada al cine de EE.UU., Luc Besson aparece como un francotirador insolente capaz de levantar edificios barrocos y complejos hechos de FX y Ciencia-ficción. Un combatiente que saquea sin pudor los buques insignia construidos por los grandes pesos pesados del cine yanqui como George Lucas y Steven Spielberg.





