Con el cambio de siglo, el cine español, asfixiado por tanta película de boina y caspa, pareció encontrar, como el francés, una salida renovadora en el terror. En nuestro caso, había una escasa tradición. El costumbrismo reina en el catálogo de la Filmoteca Española.

Sofia Coppola introduce “La seducción” -sobre la que para el público más iniciado gravita el recuerdo de la que cuarenta y seis años antes hizo Don Siegel con Clint Eastwood-, con un movimiento vertical. La cámara apunta hacia las copas altas de unos árboles de querencia gótica. Y en ellas hay algo solemne, catedralicio.

Miles de páginas, suficientes para alimentar una serie de televisión, sostienen La torre oscura, una película donde la autoría de Stephen King ejerce un curioso efecto llamada que podría desorientar a quienes tengan a King solo por un escritor de intriga, terror y fantasía.