ÁTICO SIN ASCENSOR

I love New York

5 FLIGHTS UP - 2015 FILM STILL - Diane Keaton is RUTH and Morgan Freeman is ALEX CARVER - Photo Credit: Focus Films  ©2014 Life Itself, LLC. All Rights Reserved.

Título Original: 5 FLIGHTS UP Dirección: Richard Loncraine Guión Charlie Peters Intérpretes: Morgan Freeman, Diane Keaton, Cynthia Nixon, Claire van der Boom y Korcy Jackson Nacionalidad: EE.UU. 2015 Duración: 92 minutos  ESTRENO: Septiembre  2015

Morgan Freeman y Diane Keaton se dan un homenaje actoral y con él, realizan un encendido panegírico sobre las glorias de Nueva York y el privilegio de vivir en esa gran manzana que cada vez parece más una versión ¿adulta? de Disneylandia. Dicho de otro modo, Keaton y Freeman pasean con orgullo y disfrute el hecho de, como Bruce Springsteen, haber nacido en los USA.
Pero pese a la sobrecarga de autosatisfacción narcisista que chorrea el filme, la película de Richard Loncraine, (Richard III, 1995) lejos de abrumar por presuntuosa y previsible, que lo es, sale adelante porque los actores protagonistas no perdonan ni el tiempo de descanso. Desde el despegue, con una sobrecarga de artrosis teatral, Ático sin ascensor se sabe cine de cámara, hecho para el público de Broadway cuyo sistema hegemónico ha conseguido que todos se asomen a ese patio vecinal llamado Brooklyn y les resulte familiar, aunque jamás hayan ido allí y vivan a miles de kilómetros de distancia.
Pero haría falta mucho director para sostener un filme que solo fuera eso: autocomplacencia localista. Y afortunadamente hay más. Hay un solvente guión con un recorrido entrevisto sobre toda una vida de una pareja cuyas circunstancias y oficios sirven para iluminar un pequeño fragmento de la historia reciente de la América de EE.UU.
Él es pintor (Loncraine fue escultor) y ella modelo; él de origen afroamericano, ella de blanca familia convencional. Se casaron cuando el Ku Klux Klan estaba activo y las cosas turbias. Los años han pasado deprisa. Viven en un ático sin ascensor y la edad ya avanzada de él hace recomendable vender su piso para comprar algo más accesible para alguien que poco a poco perderá sus fuerzas. Y así, tras un baño de autoindulgencia neoyorquina, surge una reflexión sobre la vida, la pareja y el envejecimiento. Se ve bien, quiere ser positiva y ni disimula, ni lo intenta. Con las cartas boca arriba.

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