MISIÓN IMPOSIBLE

Cruise, mi nombre es Tom Cruise

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Título Original: MISSION IMPOSSIBLE: ROGUE NATION Dirección:  Christopher McQuarrie Guión: C. McQuarrie (Historia: C. McQuarrie, Drew Pearce; Personajes: Bruce Geller) Intérpretes: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Simon Pegg, Sean Harris y Alec Baldwin País: EE.UU.  2015 Duración: 131 minutos  ESTRENO: Agosto  2015

A Puccini lo mató un cáncer de garganta cuando escribía los últimos compases de Turandot. A Tom Cruise, esta entrega de Misión imposible atravesada por la ópera de Puccini, le ha salvado el cuello porque, tras encadenar una serie de fracasos seguidos, su figura renace gracias a este filme trepidante, hueco y entretenido. Digámoslo rápido. Misión imposible 5 es nada más que puro espectáculo, exaltación acrobática, pero también un solvente producto que se mueve en esa gama de cine de acción y espías a la que pertenecen Jason Bourne y James Bond. Como un igual a ellos, se comporta este Ethan Hunt que para Cruise significa su última esperanza.
Ahora bien, regresemos a la cita a Turandot porque no es caprichosa ni banal. Algo late en el guión de Misión imposible que rememora algunos ecos lejanos de la historia de la cruel princesa que mataba a los pretendientes que no descifraban sus adivinanzas. También aquí hay algún enigma letal pero sobre todo y de manera obvia,Turandot se personaliza bajo los sones de su representación. Con la ópera póstuma de Puccini de fondo, Tom Cruise y el director Christopher McQuarrie, desarrollan la mejor secuencia del filme, la que corresponde al primer acto. Un acto que transcurre en la Viena actual pero que, inevitablemente, nos hace pensar en el Hitchcock de El hombre que sabía demasiado y en el Coppola de El padrino III. Se trata de un acto planificado con precisión de maestro de relojería. Pero antes de que asistamos a ese acto cumbre en el que cuatro “asesinos” bailan en la tramoya del palacio de la ópera sin saber quién matará a quién ni por qué, recordemos que la película viene precedida por un arranque de altos vuelos sin casco ni red y por un prólogo cuya planificación volveremos a ver en su conclusión en un acto de dignificación de la autoría, aunque se trabaje por cuenta ajena.
En su primer tercio, Misión imposible: Nación secreta cultiva los mejores minutos de toda la saga. Algo encomiable porque, no se nos olvide, al frente de esta adaptación de una serie de televisión, han estado directores de pegada y prestigio como Brian de Palma, John Woo, J. J. Abrams y Branden Bird. Todos ellos, autores de alto oficio y merecida fama. Tampoco McQuarrie ha llegado hasta aquí sin créditos. Colaborador de Bryan Singer, guionista de Sospechosos habituales y Walkiria y director de Jack Reacher, estas dos últimas protagonizadas por Cruise, McQuarrie goza de la confianza del actor y productor.
Como McQuarrie ha sido guionista antes que director, da lo mejor de sí mismo en el texto escrito. Un texto que, ya se ha dicho, parte de un modelo ideal, Hitchcock, retoma con respeto las mimbres de la serie original, se encomienda al 007 y asume ese lastre impuesto por Cruise, crear un filme para una estrella sin olvidar que su estructura nació para refrendar el valor del grupo. El grupo, se sustenta en dos antagonistas: una permanentemente ambigua, el otro, convertido en el Sancho que necesita todo Quijote. El enemigo, lo dice el propio director, imita al Joker de Nolan. Dicho de otro modo. Hay ambición de calidad y hay sed de trascendencia en su seno. Mezcla bien los datos de la realidad, aviones siniestrados, espías desaparecidos y mucha geografía: de Gran Bretaña a Marruecos, para fiarlo todo a una estructura de acción, suspense y funambulismo. Cruise da la cara y pone el físico. Una formidable partitura musical cierra la operación. Su mayor handicap se encuentra dentro, empieza tan fuerte, que el segundo acto, el que corresponde a Marruecos, se antoja innecesario. Pero acaba bien y por ello, será, ya lo es, la película del verano 2015.

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