REY GITANO

Leña del árbol monárquico

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Título Original:  REY GITANO Dirección y guión: Juanma Bajo Ulloa Intérpretes: Manuel Manquiña, Karra Elejalde, Arturo Valls, María León, Rosa María Sarda, Charo López, Albert Pla País: España. 2015 Duración: 116 minutos ESTRENO: Julio  2015

Si en 1993, Juanma Bajo Ulloa, se hubiese retirado del cine, las reseñas críticas le señalarían como uno más sólidos directores del panorama cinematográfico vasco del final del siglo XX. Ese año presentó su segundo largometraje, La madre muerta; un oscuro thriller sobre una obsesión que forjaba junto a su primer filme, Alas de mariposa (1992), uno de los más personales dípticos de aquel tiempo. Pero no, cuando el historial de Ulloa era rico en parabienes festivaleros, el cineasta alavés se sacó de la manga Airbag (1997). Se decía que Airbag nació acompañado por una apuesta entre él y Santiago Segura por ver quién llevaba más gente al cine. Dicho de otro modo, por ver quién ganaba más dinero.
Airbag, una disparatada road movie afectada por la irreverencia del Tarantino de Pulp Fiction significó la ruptura total con el cine de sus inicios. Y Ulloa, que en sus primeros años alardeaba de no haber visto cine, de ser un director asilvestrado, enterró su brújula en medio de tanta ida y venida llena de guiños al productor, Arguiñano, y rebosante de (des)plantes de enfant terrible cuando Ulloa ya había cumplido los 30 años.
Rey gitano reedita en otro tono, más viejuno, con menos chispa, el esquema de Airbag. Repite algún actor, Karra Elejalde, algún escenario, las Bardenas Reales, algún proceso, coches a la carrera y persecuciones sin cuento; y lo hace con un único arcano: hacer leña de la monarquía española en un tiempo en el que la atención está puesta en otros sitios. ¿Alguien, salvo “su familia”, tiene interés en la figura de Juan Carlos?
Desde el primer segundo, Rey gitano muestra su desnudez argumental, su pereza cinematográfica, su verborrea sin ingenio. Rey gitano, como otros títulos del cine español reciente, nos recuerda que la comedia es el más noble y difícil de los géneros cinematográficos. Hace falta algo más que “caca, culo, pis” para resultar divertido. Una lección que Bajo Ulloa y el Isasi Lakuesta de Murieron por encima de sus posibilidades no deberían olvidar si quieren que su nombre sea (bien) recordado.

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