No hay sorpresas. Con los Dardenne se sabe de antemano que el rigor, la solidez y el compromiso humanista con los derechos humanos están garantizados. «Recién nacidas» o si se acude al título original, «Jóvenes madres», crece como un puzzle de cuatro retratos y un lugar común.
Guillermo del Toro comienza su incursión en la reescritura del mito de Frankenstein, allí donde terminaba la mirada de Gonzalo Suárez en Remando al viento, en mitad de la nada helada. A modo de preámbulo, con los esfuerzos de la tripulación de un barco varado por el hielo, se inicia un periplo articulado en dos capítulos.
Salvo para los fans de Blur, quienes devoraron No Distance Left to Run, un documental donde se plasma el nacimiento, ascenso, muerte y renacimiento del grupo británico, el nombre de Dylan Southern resulta desconocido. Pero desde aquel 2010, año de estreno de su documental, Southern ha seguido incursionando en la escena musical como documentalista.
En la primera imagen de Los domingos, aparece un crucifijo en penumbra. La luz viene y va e infiere, en el Cristo clavado, una sensación evanescente, trémula, casi fantasmal. En la última, una mujer (Patricia López Arnaiz), con los ojos vidriosos por lágrimas latentes, cierra la historia de una derrota: la suya.
¿A dónde fue el autor de El globo blanco (1995) y El círculo (2000), (pre)destinado a recoger el testigo del maestro Abbas Kiarostami? ¿En qué accidente se quebró una trayectoria que lleva años viviendo una extraña impostura legitimada por festivales como Berlín y Cannes, donde su última película se alzó con la Palma de Oro?
Lo que hoy cenan en EE.UU., mañana se servirá en nuestro desayuno. Es lo que nos toca desde que finalizó la II Guerra Mundial. Cosas de la hegemonía económica, el imperialismo cultural yanqui y las obligaciones de la dependencia militar que Occidente tiene con respecto al único país del mundo que no dudó en arrojar bombas atómicas contra un enemigo ya derrotado.
El verano de 1998, Nueva York se sofocaba bajo el mandato de Rudy Giuliani, un alcalde populista que, entre otras hazañas, desalojó Manhattan de vagabundos de suerte incierta y final trágico. Aquello inició la «disneylandización» de la ciudad donde Martin Scorsese fraguó sus mejores pesadillas de violencia, venganza y odio.




