DUMBO

Cuando se hable de la Disney del final del siglo XX y, en especial, de la del comienzo del XXI, habrá dos hitos icónicos que será bueno analizar. Uno lo representa Pixar y su cabeza visible, John Lasseter. El otro, responde al nombre de Tim Burton. Ambos fueron extraños -y evitados- en el paraíso de la Disney después de Walt; hoy ambos portean la tabla de salvación del misterio existencial del imperio de Mickey Mouse.

HA NACIDO UNA ESTRELLA

Saludada como una película que vuela directa hacia el Oscar, construida sobre un argumento que siempre funciona -tanto en las versiones oficiales como en las que en algún modo la han imitado-, “Ha nacido una estrella”, versión Bradley Cooper, genera un interesante material para el debate y la paradoja.

EL MEJOR VERANO DE MI VIDA

Lo primero que queda claro tras la proyección de “El mejor verano de mi vida” es que, sin Leo Harlem esta película no funcionaría. El principal protagonista de esta película es a Leo Harlem lo que Torrente a Santiago Segura.

CASI CUARENTA

Con una frecuencia inevitable, porque la evidencia lo impone, a la hora de explicar qué lugar ocupa este filme de David Trueba, aparece el nombre de Linklater. Hay unanimidad en percibir, aquí, el influjo del autor de “Boyhood”. Ciertamente, si unimos “La buena vida” y “Casi cuarenta”, se obtiene una (re)visión parecida.

SIN RODEOS

Habría que preguntarse por qué dos de los directores que mejor han sabido desvelar el núcleo duro del freakismo y el arrabal cañí, Alex de la Iglesia y Santiago Segura, ahora, en 2018, con apenas unas semanas de diferencia, estrenan sus últimas películas levantadas sobre historias ajenas.

ENGANCHADOS A LA MUERTE

Ahora se le recuerda por cosas como El fantasma de la ópera, pero Joel Schumacher (1939) es un director muy particular. Aprendió bajo la tutela de cineastas como Woody Allen; durante los años 80 y 90 dirigió unas cuantas películas de temática juvenil y ecos simbólicos y, finalmente, cogió el testigo del Batman que alumbró Tim Burton y al que él ni supo ni pudo mejorar.

FRANTZ

Es posible que la persona que permanezca atenta a los créditos finales se lleve una sorpresa cuando lea que en Frantz existe un cordón umbilical que la ata al filme de Lubitsch, Remordimientos (1932). Aclaremos que el argumento que sostiene la nueva entrega de Ozon alumbró la más extraña e ideológica película del maestro de la sugerencia y el humor. Pero dicho esto, también cabe recordar que Ozon posee una de las cinematografías más versátiles e inclasificables de cuantas se han realizado en la Francia contemporánea.

PETER Y EL DRAGÓN

Con importantes modificaciones argumentales con respecto a la versión que en 1977 dirigió Don Chaffey, este Peter y el dragón funciona como un arquetípico producto Disney. Desarrolla toda la artillería pesada para provocar la emoción cuantas veces haga falta, posee una factura solvente, los efectos especiales rozan la plenitud y la historia funciona tanto para los más pequeños como para los adultos que les acompañen.

CEGADOS POR EL SOL

Desde los carteles que le preceden, todo en Cegados por el sol, clama y reclama su denominación de origen. La elección del reparto siempre significa, pero aquí, en el casting descansa su sentido. Unir en el mismo plano a Ralph Fiennes con Tilda Swinton es una declaración de guerra. Si el cuadrilátero se cierra con el escurridizo Matthias Schoenaerts y la siempre perturbadora Dakota Johnson, el resto parece tan sencillo como encontrar un buen argumento.

EL SECRETO DE UNA OBSESIÓN

Nada hay ilegítimo en la práctica del remake. Al contrario, en el hecho de volver a contar una historia ya conocida, pueden darse la mano un montón de virtudes. Por eso mismo, la historia del cine ofrece entre sus logros más celebrados acciones de diferentes cineastas que no temieron enfrentarse a relatos ya ofrecidos por otros.