MA MA

Pornografía emocional

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Título Original: MA MA Dirección y guión: Julio Medem Intérpretes: Penélope Cruz, Luis Tosar, Asier Etxeandia, Teo Planell, Silvia Abascal, Mónica Sagrera, Àlex Brendemühl País: España. 2015 Duración: 111 minutos ESTRENO: Septiembre  2015

Genio y figura, la obra de Julio Medem puede ser atacada desde mil frentes. Y desde mil frentes puede ser hecha añicos. Sus poemas han vivido en angustia extrema. Caótica Ana ejemplificó en grado sumo ese lanzarse a tumba abierta. Pero todas, desde Vacas hasta Ma Ma, obedecen a un ejercicio de coherente coherencia.
Medem no planifica las consecuencias, no prevé la reacción del público ni le ofrece golosinas para masajear su ánimo. Tampoco se refugia en la coartada social, en el mensaje-masaje. Medem se abre en canal y se inmola. Un grado de obscena sinceridad atraviesa ese universo hecho de palíndromos y azares; de arabescos y soledad. Ma Ma, película en la que Penélope Cruz juega dentro y fuera del celuloide un protagonismo total; practica, en clave vital, la misma procacidad con la que Medem retrató el erotismo en Lucía y el sexo; la escatología en Caótica Ana o la política en La pelota vasca. La piel contra la piedra. Algo que encara el riesgo del ridículo a costa de pulsar lo que pertenece a lo inalcanzable. Medem tituló un cortometraje Si yo fuera poeta. Desde entonces, este médico que desembarcó en el cine augurando una saludable renovación en los 90, ha permanecido fiel a su estilo buscando esas rimas imposibles que anidan en el enigma del verbo. Ese ideario conforma un conjunto de axiomas que le dicen que no frene sus impulsos, le aconsejan renunciar al verosímil y le llevan a soltar todos los demonios. Los de este filme, al que Penélope Cruz se agarra para mostrar su talento, saben mucho de la sobredosis emocional.
Este melodrama con canciones imposibles, puro retablo de dolor, abofetea al público. Lo normal es correr. Huir con prisas porque esta película sobrepasa el sentido común. No parece posible defender un texto tan alucinado, tan desquiciado salvo que se quiera ver en su delirio, el gesto de un cineasta dispuesto a hundirse por su poética. Hermoso gesto y terrible película. El día que Medem dé con la clave de su (des)equilibrio, quizá consiga ese gran poema visual que busca a pecho descubierto.

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