JOVEN Y BONITA

Prostituta sin causa
Título Original: JEUNE & JOLIE Dirección y guión:  François Ozon Intérpretes: Marine Vacth, Géraldine Pailhas, Frédéric Pierrot y  Fantin Ravat  Música: Philippe Rombi. Fotografía: Pascal Marti  Nacionalidad:  Francia. 2013   Duración: 95 minutos ESTRENO: Marzo 2014
 
Sin Marine Vacth cuesta trabajo imaginar cómo hubiera sido este filme. Y es que, más allá de los méritos indudables de un entonado François Ozon al que volveremos al final de este artículo, esta modelo reconvertida en actriz, sublima la insipidez de su título. Título, subrayémoslo, perezoso y convencional. Para él construye Marine Vacth un personaje verosímil en su inverosimilitud, atractivo en su banalidad y desconcertante en su francesa amoralidad. Decir Joven y bonita, es decir nada y significar menos. Marine Vacth es joven y es bonita, una obviedad que encubre una historia oscura contada a plena luz de día. 
Hace un mes, con motivo de la última película de Lars von Trier, Nynphomaniac, las revistas especializadas y los programas de televisión cinematográficos aprovecharon para rememorar un árido y maltratado tándem, el que forman el sexo y el cine. De un modo u otro, a muchos cineastas les ha tentado ensayar en un territorio que limita con la pornografía en el amanecer y con la gratuidad en el ocaso. Muchos son los cineastas que encallaron, se rompieron por no saber cómo afrontar el deslumbramiento de lo epidérmico.  Ozon, como von Trier, aunque desde parámetros narrativos diferentes, sortea perfectamente ambos peligros. 
Hay pasajes llenos de sensualidad en los que la desnudez de su primera actriz lo inunda todo. Pero también hay, al mismo tiempo, un proceso interior y una lúcida reflexión sobre el hecho de la prostitución. 
Hace unos años, León de Aranoa se estrelló en este arrecife del sexo por dinero. En PrincesasLeón de Aranoa, con buenas intenciones, poco rigor y ningún interés, farfullaba un discurso de apostolado seglar sobre la prostitución. Entre sus “princesas”, eufemismo fatal para evitar llamar a las cosas por su nombre, mostraba a la puta por necesidad y a la que lo hacía por despecho. Ozon mira a la prostitución desde una tercera vía, la del placer, la del juego de una adolescente que se siente objeto de deseo y que lo que desea no encuentra acomodo en una relación convencional.
Ajena al riesgo que puede correr, excitada por la embriaguez de un proceso donde el principio del placer se ata a la sobredosis de adrenalina que provoca el misterio; anclada en la fascinación que su propia desnudez, que su aparente indefensión, despierta en los clientes, esta Joven y bonita se adentra en el camino de Sade. Al personaje y a la actriz, Ozon y su cámara le rinden culto.  Deletrean su rostro y escrutan su piel. La de un cuerpo  entregado a la prostitución ¿por dinero? Esa es la cuestión. Lejos de Ellas, aquel filme-encuesta con Juliette Binoche bajo la dirección de Szumowska, aquí no hay sociología, ni perversión. No es la Lolita de Nabokov, ni la de Kubrick. Es hija y fruto de la Francia del siglo XXI. Ella es la que lleva las riendas y ella, cita a cita, alcoba a alcoba, establece un itinerario que pone en solfa los prejuicios morales y religiosos que amordazan la sexualidad. 
Ha sido un cineasta tan acotable como Ozon, justo después de su éxito con En la casa, quien se ha puesto al servicio del retrato de una joven adolescente-mujer en el contexto de una familia de la clase media en la Europa del confort y el consumo, pero también del aburrimiento y la desorientación. Más sólido de lo que parece su argumento, Ozon da pruebas de su voluntad de construir una carrera apreciable. En su comienzo fue, discutiblemente ubicado en un vecindario presidido por Pedro Almodóvar. Pronto mostró que era menos espumoso,  más denso y más intenso. Ahora evidencia que es un director empeñado en explorar el extrañamiento de quienes viven sus placeres y sus desasosiegos en campos alejados de la ortodoxia y lo convencional.
 

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