ESTAMOS HECHOS PARA ENTENDERNOS

Repleta de lugares comunes y de chistes viejos, “¿saben el del sordo que se enfada porque cree que le llaman gordo?”, “Estamos hechos para entendernos” desafía la lógica de la buena programación. En tiempo donde las audiencias se resisten a pasar por las salas, estrenos como éste juegan a favor de las plataformas. Es decir, como la mayor parte de lo que en ellas se propone, estamos ante una nadería.

ADIÓS IDIOTAS

En apenas cinco minutos “Adiós, idiotas” nos presenta meridianamente su trama. La cosa va de dos restos humanos, dos ciudadanos anónimos a los que les queda poco o nada que esperar en la vida. Ni siquiera pueden refugiarse en la identidad de sus apellidos.

LA FAMILIA QUE TÚ ELIGES

Si quien esto lee pertenece al tipo de público que no hace ascos a la sobredosis de insulina, a las buenas intenciones y a los cuentecillos con finales felices, encontrarán los siguientes juicios poco empáticos y, tal vez, excesivamente displicentes.