Aunque desconociéramos todo sobre Monia Chokri, aunque fuera ésta la primera vez que hubiéramos leído su nombre en una película, la visión de «Simple como Sylvain» dejaría claro que esta directora (y actriz) algo sabe y mucho debe al hacer de gentes como Denys Arcand y Xavier Dolan.

Mientras proliferan en la cartelera comedias grasientas que buscan la sonrisa en lo escatológico, sorprende este relato sin pretensiones ni zafiedad sobre un clásico argumento de enredos y confusión con pulsiones románticas y el fantasma de los celos. Dirigida, escrita y protagonizada en un papel secundario por Bruno Podalydès, «El barco del amor» no navega a la deriva; lo hace por el viejo cauce de la comedia clásica de los años 30 y 40 del siglo pasado.

Para su octava producción bajo el sello Ghibli, Hayao Miyazaki escogió la novela homónima de la escritora británica Diana Wynne Jones. Autora de más de cuarenta piezas literarias dirigidas a un público juvenil e infantil, Diana Wynne, una especie de Agatha Christie de la literatura fantástica para teenagers le aportaba a Miyazaki ese contexto victoriano que tanto le gusta