UN PEQUEÑO PLAN… COMO SALVAR EL PLANETA

Título Original: LA CROISADE Dirección: Louis Garrel  Guion:  Jean-Claude Carrière y Louis Garrel    Intérpretes:  Laetitia Casta,  Joseph Engel, Louis Garrel e Ilinka Lony  País:  Francia.  2021  Duración:  67  minutos
 

Espejismos

 
Si algo caracteriza lo que aquí se nos propone es su imprevisibilidad. Todo parece posible y nada resulta lógico. Todo crece en torno al desconcierto y la sorpresa. Frente a tanto producto domesticado a golpe de ejecutivo inquisitorial, frente al imperio de formularios sobre la corrección política, la sed de éxito del algoritmo y los protocolos a la moda, “Un pequeño plan… como salvar el planeta” rompe los esquemas por completo. Ya lo venía haciendo Garrel desde su mismo origen. Tanto como actor, como sobre todo cuando ejerce como director de sí mismo y de su mujer, Laetitia Casta. Con Garrel hay que asumir que se parte de un axioma: su cine será de este mundo pero no es de este mercado. Su cine pertenece a una sensibilidad inequívocamente francesa, que solo en circuitos muy minoritarios encuentra acomodo y comprensión.
Pero se pertenezca al sector de quienes rechazan a Garrel por pretencioso y pedante, como al grupo que valora su sensibilidad y su heterodoxia, “Un pequeño plan… como salvar el planeta” (La croisade), pondrá de acuerdo a todos para reconocer que aquí se llevan al extremo todas sus cualidades-tendencias.
Fábula con protagonista infantil, este ensayo distópico sobre el final del planeta, con su aparente ingenuidad y su esforzada simpleza, da lugar a un filme singular. Todo empieza cuando una familia burguesa, ejemplar y definitivamente parisina, sufre un sobresalto al constatar que su hijo ha vendido un puñado de aparentes bagatelas de lujo. Esas pequeñas cosas que echan de menos no son sino objetos, ropa y caprichos que compramos de más. Cosas caras que apenas se usan. El chaval las ha vendido para una buena causa: salvar el mundo sumándose a un viaje para conseguir ese cambio necesario que detenga su sistemática destruccción. 
Si el arranque es disparatado, con brochazos de surrealismo y pellizcos al desconcierto de la sociedad del bienestar y del mal hacer, su desarrollo se llena con recovecos inquietantes sobre la sexualidad juvenil, la inmadurez paterna y la desorientación vital. Con tan peregrino argumentario, Garrel sigue los pasos del Suwa de “El león duerme esta noche” pero evita su mayor error. Se puede trabajar con niños pero sin olvidar que no vale todo. El joven Joseph Engel no es un genio, pero tiene carisma y lo enseña bien.

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