NOSOTROS

En “Déjame salir”, un debutante director de origen afroamericano utilizaba el terror para denunciar el racismo. Se servía de la metáfora para desnudar la realidad. Aquel filme estimable titubeaba en su recta final. Jordan Peele, esa era la sensación, tras recrear el texto original del autor de “La semilla del diablo”, después de cuestionar la nobleza de la familia americana, dejaba entrar una cierta esperanza en la América que se disponía a soportar a Donald Trump.

DURANTE LA TORMENTA

Detrás de “Durante de la tormenta” hay un trabajo de orfebre, un esfuerzo extremo por dignificar un producto audiovisual español que, sin complejos aparentes, se adentra en un territorio hasta ahora casi exclusivo del cine de Hollywood.

MANDY

No hay concesión hacia el público que guste del orden, buen gusto y películas que abrazan el principio aristotélico de presentación, nudo y desenlace. Aunque no lo parezca, esto último, un relato, sí acontece en “Mandy”, pero en clave de delirio. El filme de Panos Cosmatos, hijo de George P. Cosmatos, amanece a ritmo de King Crimson para cantar a un crepúsculo.

EL DEPREDADOR

El 20 de agosto de 1987 se estrenó en España “Depredador”. Había dos motivos incontestables para acudir a verla. Al menos para quienes en aquel tiempo no hubieran superado los 35 y supieran gozar con el cine ochentero de acción. La principal se llamaba John McTierman, su director.

EL PACTO

Al paso que vamos, dentro de unos años, cuando se repase la historia del cine español, se concluirá con la evidencia de que Belén Rueda habrá sido al género de terror del primer tercio del siglo XXI lo que Pepe Isbert fue a la comedia española de los años 50.

HEREDITARY

Hasta ahora, Ari Aster era un total desconocido. Un chaval alumbrado hace 32 años en la Nueva York que se encaminaba hacia su transformación en un parque temático. Nació al final de la década de los 80 y la ciudad de Woody Allen y Martin Scorsese sufriría, poco después, bajo la batuta de su alcalde Rudy Giuliani, algo más que un cambio de maquillaje.

NO DORMIRÁS

Bajo tres banderas aparece “No dormirás”, una película dirigida por Gustavo Hernández que se adentra en el suspense bajo la advocación a Polanski. Todo el mundo se aferra al hacer de un cineasta que convirtió su vida en una fuga permanente. Y aunque es posible que algo del autor de “El quimérico inquilino” se proyecte sobre este No “dormirás”, su sustancia vital mira hacia dos hechos muy diferentes y aquí encadenados.

LOS EXTRAÑOS: CACERÍA NOCTURNA

Construida de manera canónica, la gran virtud de “Los extraños: Cacería nocturna” es que respeta las reglas. Conoce el género y sabe confeccionar una trama que, aunque previsible y sencilla, sortea los peligros de la rutina con el rigor de la puesta en escena.

UN LUGAR TRANQUILO

“Un lugar tranquilo” re/clama la paz de los cementerios, la inmovilidad de las ruinas y el silencio de los muertos. Esta esmerada y meritoria incursión en el género del terror posee muchas virtudes y una penosa servidumbre. Sin esta última estaríamos hablando de un filme de culto, de una obra importante. Podría haber sobrevolado hasta el territorio de Stalker de Tarkovski.

WINCHESTER: LA CASA QUE CONSTRUYERON LOS ESPÍRITUS

La primera reacción tras ver La muerte de Stalin nos interpela con una cuestión: qué hubiera pasado si este filme se hubiera realizado hace cincuenta o sesenta años. Es decir, en plena guerra fría. En el tiempo de los hechos aquí narrados. Lo que aquí se desvela gira en torno a los últimos días de vida de Stalin.