En la clase magistral con la que se abre “Worth”, un profesor de derecho, encarnado por Michael Keaton, pregunta a sus alumnos por el valor de la vida humana. No habla del valor filosófico de la existencia, sino del precio que hay que pagar cuando se provoca o acontece la muerte de un ser humano.

Elsa Amiel formaliza esta extraña incursión en el mundo del culturismo profesional apoyada en dos columnas, en dos géneros entre sí antagónicos pero que, a veces, si se perfilan bien, se fusionan con destreza. Solo en esos casos excepcionales, esos opuestos maridan hasta lograr un extraño equilibrio.

Con motivo de su primer largometraje, “Un otoño sin Berlín”, debut de entusiasmos juveniles y reflejos autobiográficos, concluía mi impresión sobre aquel filme especulando en positivo sobre las posibilidades de su autora, Lara Izagirre.