Titulado con la frase que precede el tema de «Like a rolling stone», o sea «(like) a complete unknown», justo es reconocer que esta película responde a su enunciado. O sea, después de verla, Dylan permanece como un completo desconocido.

En las primeras imágenes de «Nosotros», brota una declaración de humildad. Helena Taberna, su guionista, productora y directora, se proyecta en el personaje de María Vázquez, Ángela, como espectadora de cine, como una mujer susceptible de ser atravesada por la emoción fílmica. Taberna se quiere zarandeada por un relato ajeno.

Presentado como el cuento de un ogro temible y terrible, pero cuento de hadas porque en él se impone una querencia fabuladora y ejemplar, Karim Aïnouz comparte con el Albert Serra de «La muerte de Luis XIV» (2016), su disposición de aprehender la esencia de una existencia a partir de los últimos suspiros del personaje biografiado.

Gógol, Tolstói y Dostoyevski, entre otros muchos, algo dijeron y mucho sabían de eso que se dio en denominar «el alma rusa». De hecho, las esencias de esa resbaladiza naturaleza se derraman en sus novelas; en esos textos de alta densidad y hermosa literatura que muestran una singular complejidad al servicio de unos comportamientos psicológicos a menudo incomprensibles y siempre desconcertantes para quien ha nacido lejos de Moscú.

Situada en el valle alpino de Val di Sole, en la provincia de Trento, cerca de la frontera que Aníbal decidió cruzar en compañía de sus elefantes para doblegar a Roma, Vermiglio es una pequeña localidad que, a partir de la segunda guerra mundial, poco a poco ha ido perdiendo habitantes en esa espiral crepuscular propia de la Italia vaciada.