Si quien esto lee pertenece al tipo de público que no hace ascos a la sobredosis de insulina, a las buenas intenciones y a los cuentecillos con finales felices, encontrarán los siguientes juicios poco empáticos y, tal vez, excesivamente displicentes.

Leo Harlem puede ser considerado uno de los humoristas más emblemáticos de la España de estos momentos. Su personaje, una especie de superviviente castizo que se aferra a los viejos sabores para evidenciar la vacuidad e insipidez de los “neovalores” de una sociedad de consumo y postureo, se construye sobre un profesional curtido de verbo afilado e ingenio rápido.