A Dios rogando, con el mazo dando

Título Original: AUS DEM LEBEN DER HILDEGARD VON BINGEN Dirección y guión: Margarethe Von Trotta Intérpretes: Barbara Sukowa, Heino Ferch, Hannah Herzsprung, Alexander Held, Lena Stolze, Sunnyi Melles, Paula Kalenberg y Mareile Blendl Nacionalidad: Alemania, Francia. 2009 Duración: 110 minutos. ESTRENO: Septiembre 2010

Ni Zeffirelli, ni Rossellini, ni DreyerVisión: La historia de Hildegard von Bingen sortea las minas de la ortodoxia vaticana, elude el humanismo del compromiso social y regatea a la mística iconoclasta al fiar su suerte a un feminismo post siglo XX más afín al escalpelo existencial de Bergman que al izquierdismo desgarradamente poético de Pasolini. No obstante, este filme de Margarethe Von Trotta comparte con todos ellos, el esfuerzo de acercarse a una figura singular adornada por sus conocimientos, por su valor y por su poso y peso histórico. Y lo hace sin complejos, sin melindres, sin mala conciencia. Eso es lo insólito, porque la izquierda europea rara vez ha sido capaz de adentrarse en los jardines católicos. Y al no hacerlo, ha abandonado a su suerte a aquellos grandes hombres y mujeres que, incluso a su pesar, contribuyeron a alimentar su Historia.
El vehículo del que se sirve la veterana cineasta, cabeza visible del Nuevo Cine Alemán y compañera de trincheras de Wenders, Herzog, Schlondorff y Fassbinder, es la música. La coartada se la da la propia figura del personaje de quien se nos cuenta su biografía. Pero pronto se percibe que Von Trotta, que dibuja a Hildegard con perfil preciso y voluntad edificante, no está dispuesta a quedarse en la blanda iconografía sansulpiciana. No hay ensimismamiento, salvo el que se desprende del uso y buen abuso de una música conmovedora hasta el escalofrío. Los buenos cineastas lo son porque miman la banda sonora: la música, los ruidos, el ritmo. Esta Visión dirigida por Von Trotta ataca al espectador por los oídos sin que olvide el convocar una imaginería llena de equilibrio y volumen, un permanente juego de pliegues y recovecos que no son sino puro desplazamiento visual del proceso interior y psicológico que sufren sus personajes.
Esta Visión nada sabe de la contemporaneidad ni de los públicos que entran al cine con gafas de plástico. La suya es la apuesta de una directora independiente y radical que no teme recitar una lectura discutible, irregular y subjetiva sobre el interior de un convento. No para desnudar los cuerpos, sino para escrutar los sentimientos de un sistema de poder y de un tiempo en el que hubo hombres y mujeres de extraordinaria fortaleza.

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