GÉNESIS

Con las dos secuencias iniciales, Philippe Lesage ya establece la estructura de su filme iniciático. En apenas cuatro minutos de “Génesis”, se nos hace saber que la cosa va del descubrimiento del amor y sus miserias, del sexo y sus misterios y de la identidad y sus sofocos. En apenas unos minutos suenan dos canciones, una se baila y se corea por los propios protagonistas, una cantinela que exalta el beber y cosifica a la esposa; la otra, sonido no diegético, envuelve en sentimiento una herida abierta por falta de sensibilidad.

LOS DÍAS QUE VENDRÁN

La piedra angular sobre la que crece este filme parte de una doble negación. Asumir que un “No no quiero” desemboca en un “quiero” no evita asumir que esa aceptación esconde en su interior la sombra de la indecisión y la duda. En tiempos líquidos, en una hora en la que nadie asume nada, Carles Marqués-Marcet cuestiona aquí el dilema de la maternidad.

CLARA Y CLAIRE

A veces la excelencia interpretativa de una potente actriz como Juliette Binoche se convierte en un handicap de difícil soslayo. Binoche no es una profesional fácil. En su camino ha encarnado personajes antipáticos, pretenciosos y banales, pero los ha interpretado dando todo lo que lleva dentro -es mucho- y todo lo que se le pide desde la dirección.

GLORIA BELL

Si se desmenuzan los créditos del filme, le será dada a la persona curiosa y paciente entresacar un detalle relevante con el que se ilumina lo que “Gloria Bell” pretende y ha pretendido. Hablamos de la presencia en la producción de Pablo Larraín. El director chileno de Tony Manero (2008); Post Mortem (2010); No (2012); El Club (2015); Neruda (2016) y Jackie (2016) ha construido una filmografía nada convencional, atravesada por cierta angustia y con un posicionamiento distante que condena al público al extrañamiento.

EL BLUES DE BEALE STREET

Este blues al que hace referencia el título del segundo largometraje de Barry Jenkins entona una melodía triste para acompasar un melodrama surgido para reivindicar desigualdades y ganar premios allí donde vaya. Jenkins ya evidenció su oficio y su estilo con su primer filme, “Moonlight”, una película con deudas autobiográficas y voluntad conciliadora.

BORDER

Todo en este filme sabe del extrañamiento. Todo aparece (re)surgido y (a)sumido desde lo periférico. Hijo de la línea de sombra, esa muga donde lo real se torna extraordinario, hay muchos argumentos en “Border” como para no tomárselo muy en serio.

MI AMOR

El título de Mi amor, con la “r” marcada en un color distinto de manera que se sugieren dos significados, dueño y persona querida, ofrece una excelente (re)interpretación del título original que, traducido literalmente, sería Mi rey. De hecho, ese juego desvela lúcidamente lo que en este filme nos aguarda. Estamos ante una historia común cuya mayor virtud reside en los matices, en el tempo, en los rasgos personales que sus dos principales protagonistas sean capaces de (a)portar.