LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE

Hace años, en 1977, Tony Leblanc, espoleado por José María Iñigo, llevó al apoteosis su carisma de cómico televisivo comiéndose una manzana en un “Martes Fiesta” de TVE. Durante 3 minutos tan eternos como los cinco a los que cantaba la canción de “Te recuerdo Amanda” de Victor Jara, Leblanc, con un bongo como mesa, peló la manzana con parsimonia y bocado a bocado se la comió ante la estupefacción de decenas de personas en directo y la perplejidad de millones de telespectadores.

TOLKIEN

Hay profesionales, tanto en el cine como en otras materias, que se comportan como colosos hambrientos de grandeza. Sus proyectos, independientemente de su naturaleza, pretenden ser enormes y costar más. Se diría que creen que esa apariencia de opulencia les prestará lo que su talento no aporta.

LA BIBLIOTECA DE LOS LIBROS RECHAZADOS

La mejor idea que encierra este filme basado a su vez en la novela de David Foenkinos, reside en la hipótesis sobre la existencia de una biblioteca en la que se hacinan anónimos y no olvidados, porque nadie los conoció, un puñado de novelas rechazadas y, en consecuencia, nunca publicadas.

EL PAN DE LA GUERRA

El peso que proyecta la semejanza argumental de “Osama” (2003), de Siddiq Barmak, sobre este cuento animado de Nora Twomey redunda en la convención de dar al realismo la ferocidad de la verdad y hacer de la animación algo descafeinado, un lenguaje más propio de niños que de adultos. ¡Grave error! Hace mucho tiempo que sabemos que en esa creencia hay mucho prejuicio porque el dibujo convoca el horror de lo real con igual o más precisión y dolor que la más escrutadora cámara de cine.

EL VENDEDOR DE TABACO

Cuando “El vendedor de tabaco” se eleva, apunta hacia el espacio imborrable de filmes extremos, apasionados e irrepetibles como “Léolo” (1992). Como el atormentado Léolo, el joven amigo de Freud que aquí contempla compungido el ascenso del nazismo, puede repetirse a sí mismo: “Porque sueño no estoy loco”.

EL CREYENTE

Dentro de diez días, el 17 de junio, Cédric Kahn cumplirá 53 años. Debutó como director en 1990, con un cortometraje tras el que desplegó una trayectoria bendecida por Cannes y Berlín, sedes de los festivales donde se acostumbra a (es)coger sus trabajos. De hecho, “El creyente” recibió su bautismo de fuego, parece inevitable hablar de sacramentos en un filme que respira religiosidad, en la última Berlinale donde su principal y decisivo protagonista, Anthony Bajon, se llevó el premio al mejor actor.

ROCKETMAN

La misma usura empresarial e idéntico hambre de beneficios que sostenían a “Bohemian Rapsody” asisten a “Rocketman”, con el anhelo de llegar todavía algo más lejos. De ganar más. De hecho, digamos que, de partida, ya se habían desbrozado los tropiezos que arañaron el origen del filme sobre Queen. Como es sabido, “Bohemian Rapsody” comenzó bajo la dirección de Bryan Singer, un profesional de cuajo y mirada, con trayectoria algo errática y desconcertante, pero hacedor de títulos cuando menos notables. A los tres meses, el autor de “Sospechosos habituales”, “Verano de corrupción” y la casi totalidad y mejor parte de las entregas de los “X Men”, fue fulminantemente despedido.

CLARA Y CLAIRE

A veces la excelencia interpretativa de una potente actriz como Juliette Binoche se convierte en un handicap de difícil soslayo. Binoche no es una profesional fácil. En su camino ha encarnado personajes antipáticos, pretenciosos y banales, pero los ha interpretado dando todo lo que lleva dentro -es mucho- y todo lo que se le pide desde la dirección.

LA CENIZA ES EL BLANCO MÁS PURO

La ceniza que da título a este filme proviene de un volcán que se repite de manera simbólica a lo largo del relato. De hecho, los principales escenarios de “La ceniza es el blanco más puro” reinciden y reaparecen una, dos e incluso tres veces como un epitafio funesto. Todo permanece pero nada es lo mismo. En el caso del volcán citado, su imponente presencia, una forma piramidal sólidamente estable por fuera, supuestamente devorada por el fuego en su interior, prende y transmite a su argumento un presagio no tanto de muerte como de fugacidad.

LA VIUDA

Neil Jordan, como Verhoeven y Herzog, por citar otros veteranos europeos enredados por EE.UU. y curtidos en una cinematografía trashumante y transterrada, lleva muchas películas y muchos sobresaltos a cuestas como para pensar la tontería de que uno vale lo que recauda su último trabajo. Este irlandés que atravesó el final del siglo XX desplegando un repertorio tan brillante como desconcertante, “En compañía de lobos” (1984) “, Mona Lisa” (1986), “El hotel de los fantasmas (1988), “Juego de lágrimas” (1992), “Entrevista con el vampiro” (1994) y “Michael Collins” (1996) no pudo, quiso o supo mantener el tipo a lo largo del siglo XXI.