THE FAREWELL

Una lluvia de estrellas recibidas por ilustres cronistas desconocidos rodea la foto del retrato familiar que preside el cartel propagandístico de “The Farewell”.  Ese empeño en avalar los estrenos con más estrellas que un árbol de navidad no es sino el patético esfuerzo de los publicistas, en cuyas manos se encuentra el destino de las salas de cine.

EL HOYO

Todas las acepciones y sinónimos de “obvio” dan noticia del material que sostiene a “El hoyo”. La expresión repetida obsesivamente por uno de los personajes de manera tan reiterativa que termina por contagiarlo todo, da noticia de lo mejor y lo peor de un filme singular y claustrofóbico.

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN

La materia que conforma lo que “Ventajas de viajar en tren” lleva en su interior carece, en apariencia, de identidad reconocible. Esta primera película de larga duración de Aritz Moreno si no estuviera interpretada por actores de cuajo hondo y recorrido largo, costaría trabajo saber a qué país pertenece. Esa singularidad, ese toque, más excéntrico que exótico, cabría atribuirlo al autor de la novela que le sirve de partida. O sea al recomendable Antonio Orejudo.

DOCTOR SUEÑO

A Stephen King no le gustó nunca lo que Stanley Kubrick hizo con “El resplandor”(1977). Para el escritor, el cineasta era de hielo y su adaptación carecía de alma. Lo cierto es que Kubrick se apropió de la novela y borró el ADN de su progenitor. Abordó su filme, fiel a su gélida geometría. Elevó el cine de terror a la categoría de cine de culto. Algo insólito para un público que hace ascos a la fantasía.

SORRY WE MISSED YOU

Ken Loach habla como un hombre de fe. Para él, el mundo, las relaciones sociales y la economía se interpretan bajo la batuta de un eterno duelo entre el bien y el mal. Secundado por su lugarteniente de confianza, el guionista Paul Laverty; Loach lleva desde mediados de los años 90 colaborando con él en todas sus películas. Por eso, “Sorry, We Missed You” responde y obedece a esa naturaleza que impregna lo que se (re)conoce como el cine de Ken Loach.

LA TRINCHERA INFINITA

El despegue de este viaje al corazón de la ignominia resulta tan ensordecedor como inaudible. No hay aliento. Todo irrita y todo fluye en la carrera desesperada de su protagonista. Los jadeos y la peculiaridad del habla, una marcada entonación andaluza, dificultan su comprensión. Oímos hablar a los personajes, pero no siempre entendemos sus palabras. Da igual. Resulta evidente el sentido de lo que se nos cuenta. El filme recrea ese latigazo letal que envenenó la historia de España un 18 de julio de 1936.

SECRETOS DE ESTADO

Gavin Hood, (Johannesburgo, 1963), actor, guionista, productor y realizador, se mueve como un lobo solitario del que nunca se sabe cuál será su siguiente presa. A juzgar por su trayectoria, ha dirigido piezas como “Tsotsi” (2005), “Rendition” (2007), “X-Men Origins: Wolverine” (2009) y “El juego de Ender” (2013); se diría que encaja en la categoría de profesionales de oficio y discreción. Es decir, resuelve con solvencia sus encargos, pero no parece haber en ellos ningún deseo de imprimir huella de autoría.

EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA

Entre la denominada trilogía del Baztán y la trilogía de la Ciudad Blanca hay tantas semejanzas,que resulta evidente que ambos casos responden a un cierto espíritu de época. En cierto modo se diría que saben ser, ir y estar a la moda. Hijas de este tiempo, ambas trilogías han sido engendradas por novelistas de best-seller de aeropuerto, de escritura de digestión leve y literatura escasa.

PARÁSITOS

Unos calcetines colgados, puestos a secar enfrente de un ventanuco de lo que se adivina es un semisótano, marcan el inicio y el final del salvaje periplo de unos protagonistas que caminan descalzos. La desnudez de los pies es un atributo extremo. Llevar los pies desvestidos, sin protección, es condición solo al alcance de quien no tiene nada que perder: los dioses y los desheredados. Los burgueses no, los burgueses llevan siempre los pies bien protegidos.

RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS

En esta “mujer en llamas” algo casi imperceptible lo domina todo. Cuando horas después de su visión se rememoran las emociones que su guionista y directora ha puesto en imágenes, se llega a Marcel Duchamp y a su concreción de esa sensación profundamente humana que él denominó “inframince”. La traducción más acertada sería algo así como “infraleve”, o sea lo que es más leve que lo leve: “el calor de un asiento que se acaba de dejar, el olor de una persona en el humo de su cigarro… el peso de una sombra”.