LOS MISERABLES

Título Original: LES MISERABLES Dirección:Ladj Ly Guión: Ladj Ly, Giordano Gederlini, Alexis Manenti Intérpretes: Damien Bonnard,  Alexis Manenti,  Djibril Zonga,  Jeanne Balibar,  Steve Tientcheu País:  Francia. 2019 Duración:   100  minutos

La ira de los niños

Hace 24 años, en “El odio”, Mathieu Kassovitz reproducía los desastres de la “kale borroka” vivida en el París de la revuelta de los suburbios del comienzo de los años 90. Aquellas batallas campales no estaban lideradas por estudiantes ebrios de teoría marxista, ni por trabajadores empeñados en resucitar los días de la Comuna. Aquella guerra venía protagonizada por los hijos de los desheredados, reyes de los suburbios. Eran víctimas embrutecidas por las drogas, hartos de su pobreza y cansados de ser maltratados por un estado policial de ordeno y mando.
Aquellos días de sangre y terror se evocan y convocan desde el mismísimo comienzo de “Los miserables”. Se les teme porque se sabe que cualquier chispa prendería el mismo fuego. Peor todavía. El polvorín de la desigualdad, el desarraigo y el descontento ha seguido acumulando frustración. Los jóvenes airados, que en el filme de Kassovitz estaban simbolizados por un trapichero negro que soñaba con ser boxeador, un judio extremista y un joven árabe inmigrante, ahora poseen más ira, su identidad resulta más borrosa y su naturaleza se nutre de nihilismo.
Son muertos vivientes. Son niños que podían haber sobrevenido del corazón de la obra magistral del desaparecido Ibañez Serrador. A la pregunta que formulaba su filme, “¿Quién puede matar a un niño?”, le responde  Ladj Ly , director de “Los miserables”, que en el París de Macron, quizá un policía con stress, un “respetado” agente de la ley que confunde la justicia con su voluntad. 
El contexto de “Los miserables”, de ahí su título, es el barrio de Montferneuil, el mismo escenario donde Victor Hugo ideó su novela; allí donde se cruzan las mismas calles donde creció este director-activista de origen maliense que nació en Paris en 1980. Ladj Ly ha proyectado mucho de sus propias vivencias en un filme que primero nació como un cortometraje que ganó el César, y que ahora ha crecido hasta convertirse en el largometraje que representará a Francia en la carrera por el Oscar de este año.
Cualidades no le faltan. Referentes tampoco. Hay muchos modelos con los que cabría emparentar a “Los miserables”. Para dar las coordenadas que establecen su contenido cabría citar desde  “Training Day” de Antoine Fuqua a “Haz lo que debas” de Spike Lee. Del primero extrae la relación de la patrulla policial que protagoniza el filme. Del segundo, la inevitabilidad de un estallido de violencia que se lleva por delante culpables e inocentes porque, a partir de un momento, la ira nada sabe de miramientos. Al citar ambos títulos, se percibe que hay más que casualidad en el hecho de que Spike Lee y Antoine Fuqua comparten con Ladj Ly el color de la piel, los tres son negros. Más allá de esa convergencia de origen, cabe insistir en el tono autoral de un filme que también podría compartir la pesadilla destructiva del Bertrand Bonello de “Nocturama”. En ese caso, lo que Ly y Bonello tienen en común es el París del presente en el que se ahoga su población más joven por falta de un ideario, una razón para vivir.
Ly se formó cinematográficamente literalmente en la calle, gracias a la iniciativa del hijo de Costa Gavras, Roman, quien le inició en el manejo de la cámara. El propio Ladj Ly ha hecho lo mismo, fundar una escuela de cine en el barrio de “Los miserables” para hacer que los miserables sublimen su situación contando sus historias como alegatos y testigos de cargo, testimonios de la vida para ayudar a mejorar el mundo.
El filme, al tiempo que evidencia su voluntad aleccionadora, evita maniqueísmos. Posee buen ritmo, personajes interesantes y teje un relato bien hilvanado por guionistas con oficio. Claro que es ingenuo y bienintencionado. Y no pasa nada si se reconoce que muta sin empacho del realismo a la fábula, de la crónica social al alegato simbólico. Pero hay mucho swing, posee pegada y sin grandes medios levanta un fresco apocalíptico que merece la pena conocer de primera mano. 

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