Desde «El hilo invisible» (2017) de Paul Thomas Andersen, el rostro de Vicky Krieps (Luxemburgo, 1983) impone la misma confianza que transmiten los más grandes histriones al estilo de Meryl Streep.
Hacia la mitad de la película, cuando el conflicto ya ha asomado en todo su esplendor, cuando los personajes de Berto Romero y Judit Martín subliman su negro futuro a golpe de amor, disparate y entusiasmo, sobre «Pizza Movies» sobrevuela sugerente y conmovedor el fantasma del Fernando Fernán Gómez de «La vida alrededor» (1959).
Entre el miedo y la belleza, entre la incertidumbre y el descubrimiento, avanza rotunda, solemne y hermosa una de esas películas que no admiten titubeos. Entre una representación de la llaga de Cristo que, a su vez, evoca el sexo femenino, y las voces seráficas de un coro de jóvenes adolescentes, se despliega la crónica de un despertar, ese tránsito que va de la infancia a la madurez, de sentir como una niña a desear como mujer.
En todo conflicto de guerra civil, los más olvidados son aquellos que son reprimidos, torturados y asesinados por sus propios compañeros. Eso aconteció por ejemplo con los militares monárquicos que se sintieron traicionados por Franco cuando, tras las caídas de los fascismos europeos, el dictador se empeñó en perpetuarse.



