(Des)encuentros trifásicos

Título Original: HEREAFTER Dirección: Clint Eastwood Guion: Peter Morgan Intérpretes: Matt Damon, Cécile De France, George y Frankie McLaren, Jay Mohr, Bryce Dallas Howard, Marthe Keller y Thierry Neuvic Nacionalidad: EE.UU. 2010 Duración: 124 minutos ESTRENO: Enero 2011

El arranque de Más allá de la vida, con uno de esos bofetones con los que la naturaleza nos recuerda nuestra fugacidad, se revela fascinante. Está (d)escrito con caligrafía precisa, con montaje solemne, con medios de lujo. En esos minutos, Clint Eastwood acongoja al espectador. Aquí no va a hablar del individuo, sujeto y objeto de la inmensa mayoría del cine de Hollywood, sino de su disolución. De esa línea de sombra que separa la vida de la muerte. Lo real de lo fantasmático. Imposible olvidar que este narrador, arquetipo del justiciero desde los tiempos de Sergio Leone, ha cumplido los ochenta años. Ya no hablamos de ese tiempo crepuscular de Sin perdón, ni de esa reflexión-crucifixión de Gran Torino. Aquí se impone la hora glauca, el tiempo del gran paso. Y por aquí fluye lo inexplicable de un filme que se mueve en varios escenarios y que entreteje destinos contrapuestos con un personaje central, el que encarna Matt Damon, que guarda una semejanza asombrosa con los protagonistas de las últimas películas de González Iñárritu y Apichatpong Weerasethakul. ¿Por qué en los últimos tiempos hay tantas películas cuyos protagonistas hablan con los muertos?
Esa mirada proyectada en lo abisal, aquí se dirime en tres campos. Uno lo juega quien ha rozado la muerte. Otro, quien ha perdido a su propio espejo. Y está, finalmente, quien percibe las sombras del otro lado. Es decir, el guión se mete en terreno minado por todas las incertidumbres que persiguen a la humanidad. Y Eastwood, el viejo luchador que ha salido indemne de mil batallas, se arma un lío metafísico en un filme herido por el toque buenista de Spielberg, aquí productor ejecutivo. Y así, una película que se encarama en la barca de Caronte, se anega en imposturas como las que acompañan a la relación materna de los dos gemelos protagonistas que conforman una de las tres patas de este banco narrativo. Sin poder sortear los edulcorantes, Eastwood convoca personajes oscuros como el de Dallas Howard y, pese a todo, logra imprimir “su estilo”. Decía Pasolini al hablar de Leone, que una película de Sergio podía ser fallida, pero jamás mala. Con Eastwood y con Más allá de la vida, ocurre lo mismo: así que este es un filme fallido.

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