360: JUEGO DE DESTINOS

El mundo gira y gira
Título original: 360 Dirección: Fernando Meirelles   Guión:  Peter Morgan; basado en la novela “La ronda”, de Arthur Schnitzler Intérpretes:  Anthony Hopkins, Jude Law, Ben Foster, Rachel Weisz, Moritz Bleibtreu y Dinara Drukarova   Nacionalidad: Reino Unido. 2012   Duración:  110 minutos ESTRENO: Junio 2013

Basada en una novela de Arthur SchitzlerLa ronda, 360º: juego de destinos, un arabesco que se cierra sobre sí mismo, está más cerca del aparato de la posmodernidad al estilo del Iñárritu de Babel que del delirio manierista del elegante Max Ophüls, quien también bebió de esta misma obra. Esa querencia por un barroquismo formal caracteriza a un Meirelles que emergió con una descarga titulada Ciudad de dios y que, desde entonces, ha sabido mantenerse en una coherente línea autoral capaz de encajar una mirada personal con las exigencias del buen hacer de la acción clásica.  
Ese extraño funambulismo entre lo excepcional y lo canónico ha dado lugar a filmes inclasificables. Extrañeza provocaba El jardinero fiel (2005) y estupor cultivaba A ciegas (2009). En ambos casos, como ahora, Meirelles levanta los cimientos de su película sobre los planos firmes de novelas complejas. Lo era la obra de Le Carré y tenía minas escondidas la pieza de Saramago. Ahora bien, el texto de Schnitzler tampoco facilita las cosas.
En esencia, lo que en este círculo en el que coinciden vidas y destinos se dirime, es la perplejidad ante el azar; la imprevisibilidad de las cosas; la trémula y veleidosa suerte que concede oportunidades o siega la vida sin razón alguna; porque las cosas pasan. Si se reflexiona un poco en torno al cine de Meirelles, todo en él orbita alrededor de la misma tesis, en torno a esa paradoja esencial que reduce la vida a una existencia frágil, vulnerable, milagrosa. Lo realmente prodigioso es seguir viviendo y lo inexplicable es la necesidad de amar. Eso llevó a Kubrick a acudir al universo del vienés Schnitzler para Eyes Wide Shut y eso; sexo y muerte, habitaba y habita en el universo literario de quien frecuentó la amistad de Freud. De este reto, Meirelles sale con solvencia pero sin excelencia; con intriga e interés pero con supuestas fisuras en su estructura interna. Un amplio reparto en el que son las estrellas mediáticas quienes copan la imagen,  aunque su presencia sea compartida, contribuye a hacer notable este mosaico, esta puesta al día de la obra más controvertida del escritor austriaco. Como con La ronda de Ophüls, también estos 360º parecen predestinados a verse más y mejor cuanto más tiempo pase por sus entrañas.

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