DÉJAME ENTRAR

La vampira Dolly Título Original: LET ME IN Dirección y guión: Matt Reeves; basado en la novelade John Ajvide Lindqvist Intérpretes: Chloë Grace Moretz, Kodi Smit-McPhee, Richard Jenkins, Elias Koteas, Sasha Barrese, Cara Buono y Chris Browning Nacionalidad: Reino Unido y Suecia. 2010 Duración: 117 minutos ESTRENO: Octubre 2010

Déjame entrar, versión Matt Reeves, funciona bien en la pantalla. Sus principales intérpretes, los jóvenes Grace Moretz y Smit-McPhee, son buenos, muy buenos. Y Matt Reeves(Monstruoso, 2008), soporta con habilidad el enorme peso específico de la obra que le precede, la excelente obra filmada por Tomas Alfredson. El realizador norteamericano, (re)convertido en un copista aventajado y preciso, alumbra un filme clónico que se diría casi idéntico al original. Hay, en la novela de Lindqvist, una de esas historias que se saben poliédricas, hondas, sugerentes. Y de ella, Reeves extrae un buen guión que, en algunas secuencias, se cree superior al filme sueco al que tanto le debe. Se equivoca. Mejores efectos y más dinero no garantiza más calidad ni más emoción. La comparación, ineludible ante la proximidad temporal de ambos títulos, es que entre ellos se levanta el insalvable foso que separa el cine de autor del cine industrial.
Toda la brillantez de Reeves y sus desesperados esfuerzos por parecer un cineasta que controla las riendas se cobran una víctima decisiva, los matices, la sugerencia, ese barro movedizo del relato que se percibe en sus entrañas. Esta versión de Déjame entrar ha sacrificado la mayor parte de las perversas sombras que se agitaban en su texto originario. En síntesis la novela habla del momento crítico en el que un niño de doce años, víctima del mobbing y al borde de la psicopatía recibe la visita de un ángel maléfico que pondrá fin a sus acosadores a costa de convertirlo en el guardián-amante de una réplica femenina y casi infantil de una Dorian Gray con colmillos. En el filme de Alfredson, escrito con la colaboración de Lindqvist, la ambigüedad lo impregnaba todo. Todo en el filme sueco es y no es al mismo tiempo. Incluso el sexo de la joven vampira roza la incertidumbre. ¿Es un joven castrado?¿Existe en realidad? Lo mismo acontece con los resquicios que apuntan a la pedofilia y a esa maldición: el joven niño se convertirá en un viejo amante hasta que otro ocupe su lugar. La potente novela abunda en subtramas que el filme sueco condensó en extremo y que este filme dolly vuelve a exprimir hasta quedarse en los huesos. Desprovista de hiel y miel, ahora resulta más digerible pero ha perdido casi todo su perturbador misterio.

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