Entre los premios de este testimonio de urgencia, se citan el Gran Premio Especial del Jurado del Festival de Venecia y el premio del público del Festival Internacional de Cine de San Sebastián (SSIFF), con la mayor puntuación de su historia.
Hace 22 años, EE.UU masacraba Irak, culpable —se decía— de poseer un arsenal de armas letales capaces de destruir la tierra. Según Aznar, uno de los cerebros más retorcidos del planeta, no había duda alguna sobre el poder destructivo del régimen de Sadam Husein. Había que acabar con los infieles a toda prisa.
Parece obligado decir que «Bugonia» tuvo su origen en el filme coreano de 2003,
«Save the Green Planet». Pero esa semilla germinal asiática poco cambia y nada influye en la prevalencia del universo de Yorgos Lanthimos, un cineasta que, como todos los directores que atraviesan el filo del exceso, debe enfrentarse a amores y odios irreconciliables.
Fernando Franco, su cine, no es complaciente ni con la taquilla ni con ese público de necesidad escópica y hambre de chucherías. No es un autor fácil, ni frívolo, ni de digestión rápida. Y en ese sentido, «Subsuelo» da pruebas fehacientes de cómo respira este director que transita, como un lobo solitario, al margen de las tendencias y familias del cine español hegemónico en apoyos y prebendas.







