Si yo tuviera una escoba..

Título Original: QUE SE MUERAN LOS FEOS Dirección: Nacho G. Velilla Guión: Oriol Capel, David S. Olivas, Nacho G. Velilla y Antonio Sánchez Intérpretes: Javier Cámara, Carmen Machi, Hugo Silva, Lluis Villanueva, Tristán Ulloa, Juan Diego, Ingrid Rubio y María Pujalte Nacionalidad: España. 2009 Duración: 109 minutos ESTRENO: Abril 2010

Para los nacidos bajo la Constitución del 78, Que se mueran los feos no podrá evocar lo que la canción de Los Sirex sugirió en su día. Tampoco Si yo tuviera una escoba, su otro gran hit con cuya primera estrofa se titula esta crónica, les dirá demasiado. Ahora bien, para quienes entonces ya sabían vivir, ambas canciones eran bromas ocultas bañadas por el sol. De aquella capacidad polisémica, de la naturaleza metafórica y simbólica de un tiempo crepuscular bajo cuyas obras se adivinaba una epifanía, nada sabe el filme de Nacho García Velilla. Lo suyo es pues, puro pretexto, una suerte de guiño descontextualizado que se utiliza para ilustrar una crónica costumbrista de una aldea aragonesa perdida en carpetovetónicas honduras.
El reloj de este filme tiene desbrujulado su calendario. Tal vez acierte con la hora, pero no con el año. De hecho, Velilla entrelaza el catálogo irreverente del Cuerda de Amanece que no es poco, con las reliquias del Berlanga juvenil más, claro está, ese punto de populismo de la actual televisión mezcla del cinismo posmoderno de Muchachada Nui más la caspa sin fecha de caducidad de Tele 5.
Ante ese panorama de revival de fin de año, era de temer otro de esos despropósitos del cine español de morcilla y regüeldo. Sin renunciar a la grasa, Velilla posee la delicadeza de darle un toque de new age y de utilizar materiales dignos. O sea, de contar con intérpretes que no se limitan al cameo y la paga. De modo que con dos solistas solventes -¡qué grandes actores si hubiera un guión inteligente!-, esta orquesta de pueblo mejora la partitura. La historia es la de siempre. Llevamos cinco siglos riéndonos de la ambigüedad sexual, de los cuernos ajenos y del triángulo infalible y cada vez más escaleno del erotismo anal: caca-culo-pis. Cinco siglos de mirada pícara y hacer patético. El personaje que Cámara concibe, aunque exagerado e impostado, resulta lo suficientemente inspirado como para que la película no nos eche. Por eso, Que se mueran los feos aporta al menos, en tiempos de comedia anoréxica y banal, cierta voluntad renovadora al estilo de Pagafantas. Gris panorama para un país en el que los guapos resultan muy feos y nadie regala una escoba para barrer de verdad lo que debe ser barrido.

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