EL MÉDICO ALEMÁN

La impunidad del asesino
Título Original: WAKOLDA Dirección y guión:  Lucía Puenzo, a partir de su propia novela  Intérpretes: Àlex Brendemühl, Alan Daicz, Natalia Oreiro, Florencia Bado, Diego Peretti, Guillermo Pfening  y  Elena Roger  Nacionalidad:  Argentina, Francia, España y Noruega. 2013  Duración: 93 minutos) ESTRENO: Octubre 2013
 
El contexto histórico de la última película de Lucía Puenzo (El niño pez, 2009 y  XXY, 2007) es fiel a los hechos. Sin embargo su ficción, su puesta en escena, es orfebrería y ensayo. Por ello, El médico alemán aparece como un sugerente poema sin ripios acerca del horror sin conciencia. Una mirada introspectiva que hurga en los pliegues del enigma y de la reflexión. Josef Rudolf Mengele, médico y antropólogo, pero sobretodo carnicero en Auschwitz, fue un prófugo durante 34 años hasta que le sobrevino la muerte. Siete lustros en los que se paseó por el continente latinoamericano con una prudente discreción; leve clandestinidad sin arrepentimiento ni enmienda. Un fugitivo rodeado por la ayuda de la fanática amistad de tanto nazi en las sombras siempre dispuesto a regresar. Eso es de lo que se ocupa este sobrecogedor filme que evita la sobreactuación emocional al tiempo que cultiva la perversidad de la inocencia; el morbo de los desamparados. 
Como hizo con El niño pez, antes de ser película, esta historia nació como novela, Wakolda. Y con ella, Lucía Puenzo, una cineasta que cultiva con destreza ambos lenguajes, reitera algunas de sus señas de identidad que bucean en la biología y en la antropología; en el fascismo y en la libertad. En este caso acude al eje vertebrador de la figura del llamado ángel de la muerte. El filme se hace fuerte en el territorio de la dualidad y la simetría. Puenzo obtiene un alto rendimiento de la anécdota de la implicación de Mengele en una fábrica de juguetes en Argentina. El paralelismo entre el fabricante de muñecas obsesionado con crear un corazón para ellas y Mengele, el manipulador de personas, a las que (mal)trata como si carecieran de vida, resulta inapelable.  Ambientada en el final de los 40, Puenzo arranca su relato con el viaje y el primer encuentro entre Mengele y una familia con la que recorrerá la Pampa. Desde el arranque, Puenzo muestra su estrategia; le importa la Historia, pero mucho más el valor simbólico en ella implícito. Ese viaje en el que Mengele sigue entre la penumbra a la familia que luego será víctima de sus delirios subraya la alegoría del filme, su verdadera naturaleza. La de un terrible y lírico periplo sobre la ignominia y la impunidad del mal en estado puro. 

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