EL HOMBRE DE LAS SOMBRAS

Un mundo al revés

Título Original: THE TALL MAN Dirección y guión:  Pascal Laugier  Intérpretes:  Jessica Biel, Jodelle Ferland, Stephen McHattie, William B. Davis, Samantha Ferris, Katherine Ramdeen y Eve Harlow Nacionalidad:  Canadá y Francia. 2012   Duración: 106 minutos ESTRENO: Enero 2013


Durante muchos minutos, prácticamente el 95% de su metraje, el tercer largometraje de Pascal Laugier funciona en todos sus niveles de significación. De manera que El hombre de las sombras no solo confirma que el autor de Martyrs se ha empeñado en dar la vuelta a los iconos del miedo, sino que este thriller intenso sobre un pueblo asolado por la desaparición de niños, pone de relieve que hay toda una generación de nuevos cineastas europeos para quienes el terror, el suspense e incluso lo fantástico no les supone ningún problema. La falsa creencia de que el cine europeo debía ser realista y escudarse en la denuncia social para ser tomado en serio, ya no se sostiene. Además se olvida que, en el fondo, lo que cineastas como Laugier hacen, descansa en una larga tradición del cine en la que no solo autores como Franjú o Argento deben ser referenciados como modelos, sino el propio Bergman o incluso Buñuel
Precedido por el impacto emocional que supuso Martyrs, El hombre de las sombras se articula a partir de un arranque sobre el que se volverá al final del tercer acto. En algún modo, Laugier arranca su película al estilo del Intocable de Olivier Nakache y Éric Toledano. Sólo que aquí no reina la comedia sino el suspense, una tensión emanada a partir del rostro de Jessica Biel, hinchado y ensangrentado. Cuando en el desenlace, el público vuelve a esa escena de apertura le será dado entender que todo lo que había imaginado no era lo real. Recordemos que fue otro cineasta, argentino de nacimiento, francés de residencia, Gaspar Noé, quien en Irreversible dio un recital sobre los peligros del prejuicio. En el caso del filme de Laugier, también pesan algunos precedentes cercanos. Del estadounidense Shyamalan, siempre se acudirá a él cuando se trate de filmes con requiebros argumentales, a los más cercanos Bayona, Amenábar y Collet-Serra. Sin duda, Laugier se alimenta con los mismos referentes que ellos. Pero en Laugier se percibe un deseo de sacudir convenciones y de pellizcar correcciones. Un ansía de desgarrar los tópicos y de surcar aguas más turbias, más reales. Por eso renuncia a la coartada de la fantasía y ese deseo de realidad se percibe como una trampa en un filme que juega más limpio de lo que parece.

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