LA CONSPIRACIÓN

La venganza no es justicia
Título Original: THE CONSPIRATOR Dirección: Robert Redford Guion: James D. Solomon Intérpretes: James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Danny Huston, Justin Long y Tom Wilkinson Nacionalidad: EE.UU. 2011 Duración: 123 minutos ESTRENO: Diciembre 2011
En los créditos finales, Robert Redford desvela que su protagonista, un héroe de la guerra civil norteamericana, un brillante abogado empeñado en defender a la única mujer acusada de participar en el asesinato del presidente Lincoln fue uno de los redactores jefes del entonces recién fundado rotativo Washington Post. Es un subrayado que reitera la proverbial fe que los progresistas estadounidenses profesan a la prensa como garante de la defensa de las libertades en la que se fundamenta EE.UU. A estas alturas, más que fe, esa feligresía deviene en delirio. La prensa libre de EE.UU. lleva un par de siglos denunciando barbaridades sin que los bárbaros paguen demasiado por sus actos.
Contradicciones de un sistema que como acontece en este filme casi nunca llega a tiempo de evitar el derramamiento de sangre, sea ésta inocente y no inocente. Consciente de ese viacrucis que ante cada guerra, cada asesinato se repite como una ceremonia confusa y desgarrada en EE.UU., Redford no disimula sus intenciones. No es la verdad del asesinato de Lincoln lo que aquí se juzga, sino la tendencia al escarmiento, el miedo al Otro y la sed oceánica de venganza (bíblica) que habita en el corazón de la Casa Blanca de Washington lo que aquí se disecciona. De ese modo, en La conspiración no vemos tanto los fundamentos del hecho histórico como sus ecos repetidos en el presente. Los presuntos asesinos de Lincoln asumen el papel del enemigo exterior, ellos representan ese peligro ajeno al que el entramado político militar yanqui no dudará en reprimir aunque para ello tenga que saltarse las reglas de juego. Anteayer soldados de la confederación, hoy huéspedes de Guantánamo; hoy y ayer carne machacada por el miedo. Han pasado los años y Redford que ya ha cumplido 75, muestra una coherencia digna de respeto. Carece de la amarga distancia y de la dolorosa lucidez del mejor Eastwood, pero como el director de Sin perdón, practica un cine adulto y serio. Es un Redford pulcro, honesto y activamente político al frente de un filme algo fatigado, amarrado al circunloquio pero con una buena idea en su seno y unas excelentes interpretaciones a su servicio.

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