5 METROS CUADRADOS

Estrecheces sin esperanza
Título Original: 5 METROS CUADRADOS Dirección: Max Lemcke Guión: Pablo Remón y Daniel Remón Intérpretes: Fernando Tejero, Malena Alterio, Manuel Morón, Secun de la Rosa, Emilio Gutiérrez Caba y Jorge Bosch Nacionalidad: España. 2011 Duración: 91 minutos ESTRENO: Noviembre 2011
Hay indicios suficientes para sostener que puede ser verdad la creencia de que en tiempos desbrujulados y con niebla en el horizonte, los seres humanos retornan hacia los orígenes. En esa encrucijada se encuentran muchas cinematografías nacionales y mientras Hollywood se dedica a hacer precuelas, Europa retorna a recuperar viejos sentimientos y sensaciones que se dirían de otra época. De muestra, dos ejemplos. La película aquí comentada y la recién estrenada La guerra de los botones. Dos exponentes muy diferentes de cómo se puede retornar, en clave banal, la película francesa o, con la aspiración de conformar una película digna, estos 5 metros cuadrados.
La crisis económica de la España de la década del segundo decenio del siglo XXI, converge sospechosamente con la de los años 50. Hay algunas similitudes, la de la odisea de hacerse con una vivienda es una de ellas. Pobreza, necesidad, incertidumbre,… sombras amenazadoras que los Berlanga-Ferreri-Azcona conjuraban con agridulces retorcijones amasados con talento y mala uva y que Lemcke retoma sin olvidar el tiempo que pisa.
Convergencia con ¿El pisito?, sí pero más aparente que real porque nunca la historia se repite con la misma música y letra. En eso acierta Max Lemcke quien en su radiografía al tiempo presente no tiene que sortear las bridas de la censura política por más que la industria y sus servidumbres tejan algunas limitaciones indudables. No hay revival alguno, ni nostalgia, ni si se mira detenidamente mirada hacia atrás. Probablemente Lemcke, director de la seca y notable Casual Day>, tampoco puede esperar del espectador actual, sacudido por más divertimentos que los que acompañaron a los espectadores de los años 50, ese grado de identificación con la picardia del sobreentendido y el guiño acusador. Al contrario. Su registro pertenece al drama y a la coherencia con lo que suele pasar.
Sin concesiones ni estridencias, Lemcke se arriesgó con los actores y los actores le pagaron bien su confianza. Probablemente aportan un efecto llamada por su glamour televisivo pero quienes acudan aquí esperando de ellos lo que de ellos conocía, se llevarán una (grata) sorpresa.



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