FLAME Y CITRON

Héroes, fieras y carniceros

Título Original: FLAMMEN & CITRONEN Dirección: Ole Christian MadsenIntérpretes: Thure Lindhardt, Mads Mikkelsen, Stine Stengade, Christian Berkel, Hanns Zischler, Peter Mygind, Lars Mikkelsen y Flemming Enevold Nacionalidad: Dinamarca y Alemania. 2008 Duración: 130 minutos ESTRENO: Enero 09
La suerte de una película, o sea esa sensación final que queda en la retina del público, depende de sus últimos metros. Los últimos metros de Flame y Citron desembocan en un extrañamiento, no tanto por ese tono épico a medio camino entre Leone y Peckinpah pasado por el úrmix de Dos hombres y un destino, sino por los ecos finales del proceder de todos los personajes que les sobreviven y les acompañan. La cuestión es que, enfrentarse a una película como ésta, conlleva una complejidad desterrada del cine de Hollywood y con ella se deja indefenso al espectador enfrentado a un problema moral: ¿dónde reside la culpa?
Flame y Citron esculpe un monumento en hielo a dos héroes de la resistencia danesa durante el paseo nazi por el reino de Dinamarca. Su director, Ole Christian Madsen, antiguo combatiente de la mal comprendida y peor tratada escaramuza Dogma, hunde el escalpelo cinematográfico en las ruinas de una historia que, 65 años después, todavía incomoda. Como el Verhoeven de El libro negro, Madsen revisa la Historia con la espada desenvainada. Lejos del tono folletinesco y cínico del cineasta de Delicias turcas, aquí se adopta la solemne distancia del Tavernier de el Capitán Conan. Todo empieza y todo termina con una evocación, la del 9 de abril en el que las tropas de Hitler se pasearon por Copenhague; un día de sorpresa porque esa mañana, al paso de la oca de los soldados alemanes, miles de nazis daneses salieron de su escondite. Durante dos horas largas, Flame y Citron se dedica a hurgar y radiografiar ese escondite en el que se alberga lo peor de la condición humana. Durante dos horas que se hacen tan incómodas como inquietantes, Madsen muestra esa deriva por la que el héroe deviene en carnicero y el carnicero se convierte en fiera.
Tras la segunda guerra mundial, el mundo dejó de creer en los héroes y Flame y Citron muestra cómo y por qué. De hecho, en los intersticios de este complejo filme de recovecos cortantes y de personajes heridos, todo adquiere el aspecto de una gran pantomima trágica. Todo se llena de barro y sangre, de traición y doble juego,… todo menos la implacable maestría de dos matadores víctimas de una comprobación: ser héroe, cuesta la vida.

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