ALI

Amor en el supermercado
Título Original Ali Dirección: Paco R. Baños Guión:  Paco R. Baños y Rafael Cobos Intérpretes: Nadia de Santiago, Verónica Forqué, Adrián Lamana, Luis Marco, Julián Villagrán y Angy Fernández Nacionalidad: España 2012   Duración:  89 minutos ESTRENO: Mayo 2013 ESTRENO: Mayo 2013

En un momento crucial, como si leyera el pensamiento del público, el pobre antagonista de la insufrible Ali, le confirma lo que todos sienten; que es idiota. Peor aún; que es una idiota sin causa, salvo el ¿drama? de verse reflejada en una madre de emociones veleidosas y altibajos hormonales. La madre de Ali aparece como una progenitora de sofocos temperamentales y cariños efímeros y Ali, carga con el complejo de una Electra cabreada con el mundo. El papel maternal lo asume una Verónica Forqué que lleva los veinte años repitiendo el mismo personaje; una mezcla de simplicidad embobada fundida con una alelada felicidad. El papel de la hija lo resuelve una Nadia de Santiago que hace lo que puede con un personaje demasiado plano. 

Pero volviendo al instante en el que se verbaliza en la pantalla lo que provoca el personaje de Ali, hay que decir que no es el único momento en el que el director Paco R. Baños sintoniza con el espectador. Escrita con Rafael Cobos, el guionista de 7 vírgenes, After o Grupo 7; tres buenas películas infravaloradas, Paco R. Baños ha preferido debutar en la dirección de largometrajes con un filme menos agresivo y espectacular, más íntimo y doméstico.
Más allá del excesivo enfado de Ali y la desfallecida presencia de Forqué, hay no pocos méritos en esta película que habla de una antiheroína que trabaja en un supermercado. Baños evidencia una habilidad decisiva en todo cineasta empeñado en tomar el pulso de la calle: sabe captar el rumor del barrio. Hábil para reflejar el gesto del habitante que se pierde en los metros de las grandes ciudades y que se defiende como puede del fracaso escolar, del paro, cultiva sus personajes en el agobio. Así los habitantes de este filme modesto de producción, insolente de escritura y alicorto de dirección, se mueven en la España de la crisis y la desesperanza. Pero lo hacen sin amargura y sin molestarse en tratar de vislumbrar un horizonte mejor. No apela a un discurso reivindicativo. Lo único que se exalta aquí es la necesidad de saber madurar, la capacidad de perdonarse y perdonar y el afán, semifallido, de iluminar un escenario al que el cine rara vez presta atención: la calle de los anónimos. 

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